¿Qué fue eso que comenzó hace 3800 millones de años, que se ha conservado hasta ahora y le llamamos vida? Esta pregunta se la hizo un alumno a Maturana en los años sesenta del siglo pasado, y aunque no le fue posible responder en ese momento, lo inspiró a indagar su respuesta desde varias disciplinas. Tanto Humberto Maturana como Francisco Varela, su alumno y posteriormente colega, dedicaron su vida a responder qué es y cuál es la naturaleza de la vida, preguntas fundamentales para la ciencia y la filosofía, y en las que lograron importantes avances. Ambos biólogos, pensadores y filósofos que, además de cumplir con el rigor científico, se atrevieron a buscar respuestas desafiando las visiones establecidas en su época. Una época que coincidió con un creciente interés por el desarrollo tecnológico y de sistemas, en el que comprender cómo funcionaban los sistemas complejos, vivos, era necesario para generar procesos artificiales que los replicaran.
Lamentablemente, Francisco Varela falleció el 28 de mayo de 2001 a los 54 años y Humberto Maturana falleció el pasado 6 de mayo a los 92 años. La partida de ambos es una gran pérdida para su natal Chile y para la ciencia en general. Sin embargo, dejaron un legado muy valioso con sus interesantes vidas y carreras.

Ilustración: Estelí Meza
Humberto Maturana
Humberto Maturana Romesín nació en Santiago de Chile el 14 de septiembre de 1928, sus padres se separaron cuando era muy pequeño y su madre se hizo cargo de él. La formación recibida de ella se reflejó en su actitud ante la vida, un hecho al que él siempre hacía referencia, ya que aprendió una forma de pensar más sensible, incluso a hacer labores domésticas que en esa época estaban reservadas para las mujeres. A los once años enfermó de tuberculosis pulmonar, lo que lo mantuvo varios años hospitalizado o en cama. Dueño de la curiosidad propia de la edad y característica de los científicos, pasó esos años leyendo una variedad de autores desde Nietzsche, hasta el génesis bíblico y haciéndose preguntas sobre lo que significaba estar vivo o muerto. Afortunadamente logró recuperarse y tener una larga vida para seguir pensando e investigando sobre aquello que despertaba su curiosidad: entender la vida.
En 1950 empezó sus estudios de medicina en la Universidad de Chile. En 1954, becado por la Fundación Rockefeller fue a la University College of London para estudiar anatomía y neurofisiología. En 1958 obtuvo el doctorado en biología de la Universidad de Harvard, y enseguida se desempeñó como investigador asociado en el Departamento de Ingeniería Eléctrica del Massachusetts Institute of Technology. En 1960 regresó a Chile, donde pasó cinco años como ayudante en la cátedra de biología de la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, un hecho que generalmente se observa y critica dadas las cartas credenciales obtenidas hasta ese momento, y que se esperaría hubieran sido reconocidas por sus compatriotas. Fue hasta 1965 que consiguió el puesto de profesor titular del Departamento de Biología de la Facultad de Ciencias, en el que permaneció hasta el año 2000.
Francisco Varela
Francisco Javier Varela García nació en Santiago de Chile el 7 de septiembre de 1946, empezó sus estudios superiores en medicina en la Escuela de Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Obtuvo la licenciatura en biología en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile. Realizó su doctorado becado en la Universidad de Harvard, se doctoró en 1970 a la edad de 24 años. Ese mismo año se unió a la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, con el cargo de profesor titular; un notorio contraste con las dificultades de Maturana para tener el mismo puesto.
Además de la fuerte influencia de Maturana, Varela reconocía el enorme peso de sus lecturas filosóficas en su historia intelectual, que inicialmente eran apasionadas y azarosas, pero que se sistematizaron con la guía de Arturo Gaete y posteriormente con su ingreso a la licenciatura en filosofía del Instituto Pedagógico donde tuvo varios guías más. Ahí encontró a la fenomenología europea y sobre todo a la naturaleza social de la ciencia. Otros temas que marcaron el pensamiento de Varela fueron la cibernética y la biología teórica. Así se fue moldeando su interés centrado fundamentalmente en entender las bases biológicas del conocimiento. El enfoque de Varela era más matemático, lo que constituyó un buen complemento al trabajo de Maturana.
Autopoiesis, la característica de lo vivo
Juntos, Maturana y Varela propusieron el concepto de autopoiesis, que explica cómo la vida se genera y regenera a sí misma, conservando ciertos rasgos que pasan de generación en generación, adaptándose a cambios en el entorno. Las unidades vivas, como los individuos, nacen junto con su nicho ecológico y se transforman con él. Por tanto, todo lo vivo hoy parte de las unidades autopoiéticas (células) generadas hace 3800 millones de años, transformadas en su devenir histórico, que constituye un proceso de aprendizaje y adaptación del linaje al medio cambiante.
La autopoiesis aporta una explicación de lo vivo como un acoplamiento estructural de unidades autoreferenciadas, autónomas, que se autogeneran, determinadas por su organización (estructura y funciones), producto del devenir histórico de acoplamientos estructurales en secuencias ininterrumpidas. Las unidades autopoiéticas están anidadas en un orden jerárquico, la célula como unidad de primer orden, organismos complejos de segundo orden y organización social de individuos como unidades de tercer orden.1
Las unidades autopoiéticas conservan la organización de su linaje, pero con variaciones a lo largo de su historia evolutiva. En interacción con el medio y las unidades autopoiéticas circundantes, que “gatillan” reacciones, es decir influenciada por cambios en el entorno, los estímulos externos pueden generar cambios en diferentes direcciones e incluso no operar reacción alguna. Un sistema vivo tiene un determinismo relativo, que se refiere a la imposibilidad de predicción absoluta de su comportamiento, ya que entender la multicausalidad no permite predecir de forma absoluta el devenir de la unidad autopoiética, viva. Esta aproximación explica la diversidad de la vida. La vida compleja es una emergencia del acoplamiento estructural, que sólo puede explicarse como unidad; desde su organización, estructura y funcionamiento en conjunto y no por analizar las partes que la forman de forma disociada.
En su libro el árbol del conocimiento2 Maturana y Varela explican el proceso de aprendizaje de las unidades autopoiéticas, dejando muy claro que el aprendizaje es un proceso biológico y no exclusivo del ser humano. También explican al ser humano constreñido por su percepción y en su incapacidad de “ver que no ve”, refiriéndose a la limitación cognitiva de comprender la complejidad de la vida. También incluyen el concepto del observador, el sujeto humano que influye en la realidad de acuerdo con su interpretación, que a su vez es influenciada por el lenguaje y la comunicación entre los individuos. Es decir, lo humano encuentra su sentido en el lenguaje.
Influencia de la autopoiesis y su impacto en las ciencias cognitivas
El concepto tuvo mucha influencia en varias disciplinas, incluso más allá de la biología, tuvo un impacto significativo en la ciencia de los sistemas complejos, la sociología, entre otras. Un ejemplo es que Niklas Luhmann retoma el concepto de autopoiesis para describir los sistemas sociales, aunque Maturana no estaba del todo de acuerdo con esta extensión y generó un complejo debate que trascendió la muerte de Luhmann en 1998. Sin embargo, las ideas de Luhmann han tenido gran resonancia y reconocimiento en las ciencias sociales, además de ser un factor determinante para la difusión del concepto aportado por Maturana y Varela.
A pesar de su fructífera relación académica, Maturana y Varela tomaron caminos diferentes. En la segunda edición de su libro De máquinas y seres vivos: autopoiesis, la organización de lo vivo, escribieron por separado un prefacio cada uno, con su propia interpretación y narrativa, veinte años después y conociendo el impacto de su aportación. En su trabajo posterior Varela se dedicó a la comprensión de la relación cuerpo mente y trabajó con budistas estudiando la mente desde las neurociencias. Participó en sentar las bases del diálogo entre la ciencia y el budismo. En un libro publicado junto con Jeremy Heyward, Un puente para dos miradas3 quedó plasmado ese fascinante trabajo, en él se discutieron principios filosóficos, éticos y científicos sobre la naturaleza de la mente humana. El Dalai Lama, además de propiciar este diálogo, hizo hincapié en la importancia de buscar una psicología que no esté enfocada en las patologías mentales, sino que proponga formas de estar bien, crear condiciones para la salud mental. Estas ideas devinieron en nuevas disciplinas como la psicología positiva que tiene como representantes a Martin Seligman y Mihály Csíkszentmihályi.4
Probablemente uno de los libros más significativo desde las ciencias cognitivas de Francisco Varela fue en colaboración con Evan Thompson y Eleonor Rosch, De cuerpo presente, las ciencias cognitivas y la experiencia humana5 publicado en 1997. Otro documento importante es la compilación de ensayos representativos de su trabajo científico y reflexiones sobre la vida en su libro El fenómeno de la vida6 publicado en el año 2000. Su prematura muerte dejó trunca la brillante carrera de uno de los hombres más influyentes del siglo XX.
Maturana, aunque con un enfoque distinto, también siguió trabajando en la relación entre la biología y la psicología.7 En el manejo de la percepción y las emociones fundó, con Ximena Dávila, la escuela Matríztica, en la que junto con un equipo de colaboradores construyen planes de estudio y asesorías para la transformación organizacional.
La reciente partida de Humberto Maturana es sin duda una pérdida, como lo fue la partida de Francisco Varela. Sus aportaciones a las ciencias biológicas y otras áreas del conocimiento seguramente seguirán siendo valoradas como un gran legado. Estos dos latinoamericanos aportaron desde el rigor científico las bases para entender la naturaleza de la vida y la cognición humana. Sus visiones permiten avanzar en la concepción integral del sujeto, el observador que no puede separarse de su subjetividad y que influye en su medio, transformándose con los cambios del entorno y a su vez transformando su realidad. Sin duda ambos estuvieron adelantados a su época.
Indra Morandín Ahuerma
1 Maturana, H., y Varela, F. 1998, De máquinas y seres vivos: autopoiesis, la organización de lo vivo, Editorial Universitaria, 5.ª edición, Santiago de Chile, 1998.
2 Maturana, H., y Varela, F. El árbol del conocimiento: bases biológicas del entendimiento humano, Lumen y Editorial Universitaria, Buenos Aires, 2003.
3 Varela, F. y Hayward, J. W. Un puente para dos miradas, trad. Santa Cruz, C. Dolmen Ediciones, Chile, 1997.
4 Csíkszentmihályi, M. Fluir, una psicología de la felicidad, trad. Nuria López. Editorial Kairós, México, 2016.
5 Varela, F.; Thompson, E., y Rosch, E. De cuerpo presente, las ciencias cognitivas y la experiencia humana. Editorial Gedisa, Barcelona, 1997.
6 Varela, F. El fenómeno de la vida. Dolmen ediciones, Caracas, Montevideo, Santiago de Chile, 2000.
7 Maturana, H. De la biología a la psicología. Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 2006.
Una calurosa felicitación a Indra morandin por este trabajo. La vida sigue teniendo muchas incógnitas para nosotros y en el camino de la investigación aún hay mucho que recorrer.