Nuestra tarea es generar problemas,
suscitar respuestas potentes a acontecimientos devastadores,
aquietar aguas turbulentas y reconstruir lugares tranquilos.
—Donna J. Haraway
Los manglares son ecosistemas complejos donde se entrecruzan diversos procesos que permiten la reproducción de la vida costera y son uno de los recursos más amenazados en el mundo por la actividad humana y los procesos de expansión urbana. Estos bosques tropicales representan un puente entre los ecosistemas acuáticos y terrestres y son, además, territorios de vida y espacios en disputa. Los beneficios que nos ofrecen o dejan de proporcionarnos, debido a su pérdida y degradación, evidencian nuestra dependencia y vulnerabilidad de la vida que allí se reproduce, así como de las funciones de amortiguamiento que cumplen. La vida o muerte de estos ecosistemas resultan cruciales tanto para la vida humana, como para la de miles de otras especies que allí existen en precarios equilibrios.

Ilustración: Ricardo Figueroa
Protectores, criadores y purificadores
Los manglares son una zona de contacto entre diversas multiplicidades de especies acuáticas, terrestres y poblaciones humanas. Están esparcidos en zonas costeras, estuarios y al interior de los ríos y pueden estar inundados o frecuentemente semi inundados. Están formados por árboles, arbustos y una variedad de comunidades de plantas complejas que crecen en aguas salado-fangosas poco profundas o en aguas salobres. Protegen las costas contra la erosión provocada por los vientos, olas, y corrientes, y evitan que los arrecifes de coral y los pastos marinos se sedimenten. Proveen un espacio para el desarrollo de la diversidad de la flora y fauna, tanto la marina como la terrestre. Son sitios de crianza, alimentación y hábitat para especies amenazadas, y muchas especies de reptiles, anfibios, mamíferos y peces, incluyendo especies comerciales. Y son, además, un santuario para aves residentes y migratorias, y una importante fuente de madera y productos medicinales
Los manglares purifican el agua porque absorben impurezas y metales pesados perjudiciales, y nos ayudan a respirar aire limpio por su absorción de contaminantes. Contribuyen a regular los ciclos de nutrientes como el carbono, nitrógeno y azufre. Los manglares han sido reconocidos por su capacidad de regular el clima global a través del secuestro y almacenamiento de "carbono azul". La expansión de los manglares también influye en otros aspectos del funcionamiento del ecosistema, como la respiración del suelo, con importantes implicaciones para el ciclo del carbono.
Los bosques de manglares de todo el mundo están íntimamente ligados a las personas, y estas interacciones han sido cruciales para las poblaciones humanas durante milenios. Las pruebas arqueológicas sugieren que las comunidades costeras utilizaban especies de mariscos que se encontraban en los manglares hace al menos 7,000 años en el norte de Australia, y que las comunidades costeras creaban complejas herramientas a partir de los huesos de la fauna relacionada con los manglares hace 4,000 años en el sudeste asiático. Alrededor del mundo, los bosques de manglar están vinculados a las personas, lo que implica una interdependencia productora, que conlleva a la construcción de una matriz crucial para el desarrollo de culturas, modos de sustento, territorialidades, costumbres e imaginarios donde se entretejen las dimensiones corporales y afectivas, dando origen a un modo de producir, habitar y cogenerar la vida costera.
Las comunidades costeras que cohabitan con los manglares se benefician de sus diversos servicios ecosistémicos tales como la pesca, los productos farmacéuticos y las medicinas tradicionales, así como la protección contra peligros costeros como la erosión y los huracanes. La pesca es un servicio de aprovisionamiento especialmente importante que los manglares generan para las comunidades costeras. Los humedales son de gran valor cultural para el turismo y la recreación. Además, los atributos morfológicos de la estructura de las raíces de los manglares contribuyen a la atenuación de las olas y a disminuir la energía de éstas en el paisaje urbano. Los servicios de regulación y protección de la costa que proporcionan estos ecosistemas se utilizan a menudo para justificar la conservación y rehabilitación de los manglares.
Los manglares hoy, víctimas de la época
Aunque los manglares son un ecosistema predominantemente tropical, su área de distribución se extiende hasta las zonas subtropicales y algunas regiones templadas cálidas. Los manglares tienen una distribución tropical, y están presentes en 112 países y territorios; se estima que su cobertura global se encuentra sobre 18 millones de hectáreas. Desgraciadamente, más del 35 % de los manglares a nivel mundial han desaparecido ya que están fuertemente amenazados por la actividad humana. La pérdida histórica y contemporánea de los manglares ha sido impulsada de forma abrumadora por los cambios antropogénicos de la cubierta terrestre, especialmente por los usos económicos de la tierra como la acuicultura, la agricultura, el desarrollo urbano y el turismo.
Aunque las tasas de deforestación de los manglares han disminuido en las últimas décadas, los manglares siguen perdiéndose a un ritmo de entre el 0.26 % y el 0.66 % anual. Existen puntos álgidos de pérdida de manglares, especialmente en el sudeste asiático. Muchos de los sobrevivientes se encuentran en un estado degradado y fragmentado, y se enfrentan a factores de estrés como la contaminación y la sobreexplotación. Estos impactos sobre los manglares operan en un contexto de cambio climático en el que el nivel del mar está aumentando. En este escenario, los manglares no podrán adaptarse mediante el crecimiento vertical, por lo que se verían obligados a retroceder hacia territorio adentro. Al hacer esto se encontrarán con barreras artificiales que destruyen cualquier posibilidad de supervivencia de estos ecosistemas tan valiosos para la Tierra.
¿Cómo podemos contribuir a mitigar su deterioro?
En estos tiempos de crisis, necesitamos compartir más información e historias sobre los manglares que devengan en prácticas de aprovechamiento, gestión y conservación sostenibles. Es imperativo realizar una praxis ecoética que promueva el cuidado sensible y consciente de nuestra relación con la alteridad y la finitud humana, animal, vegetal y cósmica. Así también, requerimos conocer más a fondo saberes ecológicos que partan de un compromiso interrelacional entre humanos y otros seres vivos. Lo último conlleva a la defensa de lo vivo y pensarnos como una especie con la capacidad de afectar, pero con más posibilidades de ser afectados. Es posible un uso sostenible de los manglares implementando una gobernanza ambiental que priorice la valorización vital de los recursos naturales sobre la valorización mercantil, lo cual significa comprender que los manglares ofrecen importantes beneficios y son vitales para la preservación de la especie humana y la biosfera. Las acciones implementadas para aprovechar y conservar estas fuentes de sustento deben trascender los intereses y las dinámicas corporativas. Se trata de respetar y reconocer los límites de estas unidades ecológicas y emprender una economía neguentrópica: una economía que esté fundada en la producción de la vida y en los potenciales ecológicos de la naturaleza y no en su contra.
Las comunidades tradicionales que viven alrededor de los bosques de manglar deben tomar parte en las actividades de plantación y en las campañas de sensibilización y conciencia de los humedales como espacios de vida y fuente de sustento que necesita de su defensa y protección. La agricultura, la acuicultura, las pesquerías y el turismo, el aprovechamiento del manglar para hacer medicina natural o producir miel, puede realizarse sin afectar severamente la estructura y funcionamiento del ecosistema.
No es posible tener un "mundo sin manglares". Los manglares son un ejemplo de cómo los sistemas de vida en el planeta se coproducen de manera interrelacionada, no binaria, no lineal, sino múltiple, continua, generativa y multiespecie. Para lograr una restauración ecológica, y el aprovechamiento consciente de estas unidades ecológicas, es oportuno pensarnos con la biosfera desde una ecología medioambiental, social y mental. Así lo propone la ecosofía, una ruta que va más allá de lo ecosistémico, que replantea la afirmación de valores vitales y el reconocimiento de las dependencias, flujos y relaciones de los sistemas naturales y sociales; esto es refundar un compromiso ético y político con respecto a otras formas vivientes, una praxis que constantemente reafirme la vida.
Es la única manera de salvar no sólo estas barreras de vida sino de resguardar los vínculos que permiten la continuidad de muchas especies y los ecosistemas en el planeta.
Mariana Pelayo
Doctora en Ciencias de la Sostenibilidad por la Universidad Nacional Autónoma de México.
Eduardo Gabriel Torres-Conde
Doctorante en Ciencias Biológicas en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Excelente artículo. Sobre la vida de estos ecosistemas actualmente amenazados por la mano del hombre.
En nuestra entidad contamos con grandes recursos naturales y lo triste es que en dias recientes destruyeron entre 18 a 20 hectáreas de manglar.
Nos preguntamos se castigará a los responsables. Dudo mucho.
Un gran artículo sin duda alguna, y bien lamentable lo que ocurre con los manglares desde la comunidad en que hábito tenemos los manglares más norteños de nuestro país México, dentro de la Reserva de la Biosfera del Vizcaíno y estoy colaborando fuertemente en la conservación y aforestación de los manglares y en la actualidad existe la posibilidad de sembrar más de 12 millones de Mangles me gustaría mucho establecer comunicación con la UNAM para buscar grandes alianzas que fortalezcan este proyecto puedo compartirles fotos e información de los grandes logros como una motivación bien sustentada derribado de nuestros resultados.