Les doy la bienvenida a un nuevo espacio dentro de nexos, que a mi parecer amerita una celebración pomposa. De ahora en adelante, cada lunes, habrá un nuevo texto para que analicemos en conjunto, desde una mirada crítica, la crisis ambiental. Considero una decisión muy acertada el que la revista abra un espacio dedicado al tema que nos ocupa, aunque no es de sorprender dada su vocación por fomentar debates serios y reflexionar sobre lo más apremiante de la actualidad. Y es que, como explica Sachs,1 el debate ambiental ha dejado de pertenecer a los departamentos de Biología de las universidades y hoy en día, se ha instalado como un tema que atraviesa todos los ámbitos de nuestra cotidianeidad. Es por ello que les compartiremos una producción teórica que es tanto numerosa como fascinante. Nos proveerá de explicaciones sobre las causas y consecuencias de los problemas ambientales, y a la vez, nos abrirá la oportunidad de analizar los temas más álgidos de la actualidad, pues pensar hoy en día el ambiente, es reflexionar sobre la totalidad de la vida.

Hemos decidido nombrar el espacio “Crisis Ambiental”. En la medicina, la crisis es el estado que separa la vida de la muerte. ¿No podríamos referirnos al estado de deterioro ambiental actual como un momento decisivo y crucial que separa la muerte de la vida? En este caso, la muerte es tanto física —personas, animales y ecosistemas— como simbólica: estamos perdiendo abruptamente la vida como la entendemos. La palabra crisis evoca dificultad, incertidumbre, peligro y decadencia. Es un momento crucial, una advertencia para realizar cambios profundos. Es decir, en la crisis estamos frente a una encrucijada: una coyuntura que nos posibilita optar por un camino distinto. En ese sentido, una crisis es también un espacio de oportunidad y de elección: es un momento de voluntad, y de agencia. Por tanto, al referirnos a la crisis estamos rescatando su connotación positiva, y de manera advertida, estamos sembrando una esperanza.

Ilustración: Patricio Betteo

En su origen etimológico, la palabra crisis viene del griego krísis (κρίσις), y al ser la crisis un momento de crear juicios y dilucidar, está relacionada con la palabra crítica. Y eso es lo que pretendemos hacer en este espacio. De acuerdo con Horkheimer, cualquier teoría verdaderamente crítica de la sociedad “tiene como objeto a los seres humanos como productores de su propia forma de vida histórica”.2 ¿Qué podríamos hacer frente a esta crisis si no es reevaluar nuestros paradigmas vigentes? Biro (2011) explica que hacer uso de la teoría crítica para los análisis ambientales nos permitiría empezar a reconocer la gran paradoja que define a nuestro tiempo, en la que la especie humana se ha vuelto cada vez más poderosa y nuestra capacidad para transformar el entorno natural ha alcanzado niveles sin precedentes que continúan en aumento. Sin embargo, al mismo tiempo que hemos acrecentado enormemente nuestro poder sobre la naturaleza, somos cada vez más vulnerables y estamos más expuestos a las repercusiones negativas que surgen del ejercicio de ese poder.

La postura crítica desde donde pretendemos reflexionar reclama una mirada histórica que reconozca los procesos globales e históricos que ocasionaron en el pasado y motivan hoy en día el deterioro, los despojos y la violencia socioambiental. Requiere preguntarse, ¿cómo fue que llegamos aquí? ¿quiénes se vieron beneficiados y se benefician con esta crisis? y ¿quiénes son, y han sido los más afectados? Lo último implica rescatar de la discusión los aspectos distributivos y éticos de la crisis ambiental, en donde la gran mayoría cargan con la responsabilidad de unos cuantos. Debemos visibilizar las relaciones de poder: del Norte al Sur Global, de los centros a las periferias, de las élites políticas y económicas a la población marginada en su conjunto. En palabras de Naomi Klein “existe una cruel relación inversa entre causa y efecto: una total desconexión entre quién causó la crisis y quién vive y vivirá sus peores efectos”.3 Así, las diferentes formas de deterioro ambiental han tenido consecuencias especialmente perjudiciales para las personas que están subordinadas, oprimidas y explotadas.

Hoy sabemos que la crisis ambiental no es neutra a cuestiones de género, clase, y etnia, lo que ha implicado un encrudecimiento de la desigualdad.4 Por lo tanto, tenemos que señalar el racismo ambiental e impugnar la lógica de las relaciones capitalistas de producción y consumo. Tenemos que reconocer el límite de la mayor parte de las soluciones que se nos han ofrecido, como las soluciones tecnocráticas o las basadas en el consumo personal. Estas soluciones no lo son en tanto no estén acompañadas de procesos de democratización y justicia.5 Tenemos que politizar los problemas ambientales, y dar a conocer el lado humano de sus consecuencias.

Una mirada crítica ambiental tendría que preguntarse, ¿qué es aquello que queremos sostener y quiénes están incluidos en esta visión de futuro? Porque, mientras hay lo que queremos sostener en términos ambientales, está también lo que queremos derribar en cuestiones sociales. Así, la apuesta es que nuestro camino hacia la sustentabilidad debe ir más allá de “cuidar” el medio ambiente: requiere promover el sostenimiento de los derechos humanos, el ensanchamiento de las libertades y la promoción de la paz. Una postura crítica debe explicar qué está mal con la realidad social actual, identificar a los actores y dirigir la investigación hacia fines socialmente significativos de modo que se proporcionen claves para la transformación social.

En Crisis Ambiental haremos también un análisis desde la complejidad. Hacer un análisis desde la complejidad implica resignificar las fronteras de los fenómenos y conocer la íntima relación entre ellos.6 Es decir, la crisis ambiental actual no puede ser entendida si no es a partir de la compleja interacción entre los desafíos económicos, políticos y sociales. Es pensar el medio ambiente, como un ámbito que trastoca la totalidad de la vida. ¿Cómo podríamos considerar el fenómeno de la migración sin los efectos del cambio climático? ¿Cómo reflexionamos sobre el crecimiento económico y el desarrollo si no tomamos en cuenta el costo ambiental que ha implicado? ¿Cómo entender la crisis climática si no hacemos un análisis de la configuración actual del sistema internacional?

Es por ello que en este espacio mostraremos una variedad de perspectivas, temas y discusiones que han dado forma al proyecto reflexivo que implica comprender la crisis ambiental. En los textos que se presentarán cada semana, encontrarán una colección diversa de enfoques que tienen un conjunto común de preocupaciones sobre la injusticia socioambiental, la gobernanza ambiental global, los impactos y el deterioro, así como los límites y alcances de las propuestas y soluciones. Pretendemos reconocer la diversidad de perspectivas en la producción del conocimiento ambiental, poniendo sobre la mesa debates y propuestas que han tenido poca visibilidad. En este espacio dialogarán las Ciencias Naturales con las Sociales y las Humanidades en una reflexión multi e interdisciplinaria que incluye dar a conocer lo que se ha investigado desde la Ciencias de la Atmósfera, la Biología, la Psicología, la Sociología, las Relaciones Internacionales, la Arquitectura, la Geografía, la Historia, entre otras.

Los invito a que este espacio sea un punto de partida para discutir con libertad sobre un campo que provoca estremecimiento, cuyas explicaciones no son sencillas y en ocasiones nos dejarán con mayores interrogantes. Estoy segura que los textos que compartiremos en este espacio nos permitirán ampliar nuestros horizontes, provocarán y estimularán el debate. Para ello, propongo hacer uso de la parresía. Es la virtud que implica la disposición a decir la verdad, teniendo en cuenta que el interlocutor asume también el riesgo de esa verdad.7 Involucra, por lo tanto, alejarse de explicaciones simplistas que dan propuestas inmediatas y fáciles de digerir y se alejan de la complejidad de la crisis ambiental. Es una invitación al trascender el meme y la información pulida y sin fricciones. Abramos el debate y confrontemos(nos). Pongamos juntos el dedo sobre la llaga y permitamos que esta ventana sea una herramienta poderosa para el análisis ambiental.

 

Ana De Luca
Correo: anadeluca21@gmail.com. Twitter: @anadeluca21


1 Sachs, W. 1992. “Environment” en (Sachs, W. ed). The Development Dictionary. A Guide to Knowledge as Power. Londres: Zed Books.

2 Horkheimer, M. 1993. Between Philosophy and Social Science, Cambridge: MIT Press.

3 Klein, N. 2010. “Paying our Climate Debt” En (Sandberg, Anders y Tor Sandberg eds). Climate Change- Who´se Carrying the Burden? The chilly climates of the global environmental dilemma. Canadá: Canadian Centre for Policy Alternatives, p.57.

4 Sen, G. y Durano, M. 2014. The Remaking of Social Contracts. Feminists in a Fierce New World. Londres: Zed Books.

5 Sandilands, C. 1999. The Good-Natured Feminist: Ecofeminism and the Quest for Democracy Estados Unidos: University of Minnesota Press.

6 Barrón, J.C. “Introducción” en Díaz Mata, A. (coord.) El entorno complejo de las organizaciones. México: FCA/UNAM.

7 Foucault, M. 2010. El coraje de la verdad. México: Fondo de Cultura Económica.