De ríos a embalses. Crónica del disciplinamiento de un río

Sólo después que el último árbol sea cortado, sólo después que el último río haya sido envenenado, sólo después que el último pez haya sido atrapado, sólo entonces nos daremos cuenta que no nos podemos comer el dinero.
—Proverbio cree

El Protocolo de Kioto consideró a las hidroeléctricas en 1998 como Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDL) y como apuesta a la mitigación del cambio climático a partir de la producción de energías renovables. Este tratamiento especial a los proyectos hidroeléctricos, forma parte del programa global que propone a las energías renovables como alternativa para la descarbonización del modelo económico cuya base es el uso de combustibles fósiles.  Esto sucede en el contexto de un mercado de capitales que invierte en proyectos rentables a mediano y largo plazo.  Así, se les ha dado mucha atención a los megaproyectos hidroeléctricos pero poco a los ríos y a los espacios de vida donde se establecen. Por lo tanto, mi intención es desabrigar estas intervenciones polémicas para resaltar las implicaciones que conllevan a nivel ambiental, social y existencial.

Las hidroeléctricas eran vistas anteriormente como instrumentos para el fortalecimiento de actividades económicas regionales de servicio público, como los distritos de riesgo y la generación de energía hidroeléctrica para la electrificación nacional. Ahora, las hidroeléctricas se integran a un novedoso mercado energético con apoyo de capital extranjero disfrazado de préstamos, y se presentan como proyectos que diversifican las bases productivas de los espacios donde se instalan; tal es el caso de las presas hidroeléctricas Aguamilpa (1994), El Cajón (2007) y La Yesca (2012) ubicadas en el río Santiago en el estado de Nayarit, la primera financiada a través de un préstamo del Banco Mundial (BM), y las otras dos financiadas por los fondos de Proyecto de Impacto Diferido en el Registro del Gasto (Pidiregas).

Un embalse hoy significa varios negocios: el agua para riego, el control de avenidas en los ríos, redes de agua potable, infraestructura para el turismo y el aprovechamiento del embalse para la navegación.1 Sus virtudes alimentan la narrativa del momento: se promueven como instrumentos de generación de energía limpia y sostenible. Son negocios mixtos, con diversos actores, y operan a partir de la transformación de recursos renovables como se valoriza el agua actualmente.

Ilustración: Kathia Recio

Mercantilización de la naturaleza

Las hidroeléctricas como parte de la cartera de los MDL representan una panacea en la preservación y optimización de los recursos naturales; el programa de la “ecocracia” global2 caracterizada por la planificación y administración de la naturaleza es también una concesión al capital especulativo que abunda hoy. Lo último es parte de un fenómeno más amplio denominado la neoliberalización de la naturaleza3 como una nueva modalidad del capitalismo para incrustarse en los territorios y para simplificar y cosificar el medio biofísico reduciéndolo a una mercancía, servicio (ambiental) o capital natural.

Swyngedouw le llama “neoliberalización del agua”4 a la justificación de que el mercado es la fuerza más racional para asignar y distribuir los derechos del agua, y que el sector privado sea el actor idóneo para ofrecer el servicio. El agua, al ser considerada un bien económico subordinado a las leyes del mercado, queda sujeta a reglas comerciales internacionales, y su devastación es producto de la lógica de la maximización de la ganancia de las empresas y los consorcios privados involucrados.5 Actualmente es una política pública a nivel internacional que favorece a la capitalización de enormes consorcios, gracias a las licitaciones para semejantes inversiones en la construcción de la infraestructura ingenieril obligada.

¿Qué representa para la vida de un río la transición energética?

El incremento reciente de la demanda nacional de energía ha estimulado la promoción de políticas públicas que intervienen en los sistemas hídricos instalando presas generadoras de electricidad para producir energía que se considera limpia, barata y renovable. Sin embargo, su construcción tiene repercusiones que trascienden escalas espaciales y temporales, más allá del periodo de construcción y la puesta en operación de la cortina, las compuertas y la administración del Estado del nuevo embalse.6 Se configura un espacio nuevo en su región, una coyuntura conflictiva provocada por el establecimiento del megaproyecto respectivo.

Las secuelas socioambientales derivadas de estos proyectos cuestionan su pertinencia y sustentabilidad. Las trayectorias de estas megaconstrucciones ilustran la reducida y documentada inocuidad de tales desarrollos energéticos que provocan escenarios de injusticia social y ambiental representando agudas fracturas en los ecosistemas, entre comunidades y familias, en los espacios de vida de muchos.  Además, estas inversiones dejan profundas transformaciones ambientales, desde la modificación del curso rápido y continuo de los ríos a uno lento, el reemplazo de los ecosistemas terrestres por zonas litorales lacustres, cambios en el régimen térmico del agua, captura de sedimentos, incremento de evaporación, producción de gases de efecto invernadero (GEI), degradación de la calidad del agua,7 la pérdida de hábitat, el cambio de régimen permanente del río y la alteración de los corredores naturales de biodiversidad por caminos y tuberías.8

Se añade al cuadro dibujado los efectos traumáticos que causa en la sociedad regional, lo que representa la agresiva permuta de la condición de un río a un embalse, donde siempre hay afectados y afectadas por la reconfiguración en el orden territorial y en las actividades productivas9 y su vínculo con el ciclo ritual y de trabajo de los pueblos como: la vulnerabilidad de las estructuras socioeconómicas de las comunidades humanas con motivo de la pérdida de suelos en las áreas inundadas o por las modificaciones en el régimen fluvial aguas abajo de la nueva cortina.10 Hay desplazamientos forzados y afectaciones agrarias como la ausencia de consultas informadas, amplia participación social y compensaciones justas y a tiempo.11

El impacto tiende a ser aún más dramático en comunidades indígenas, porque no sólo involucra transformaciones en las estrategias de sustento, sino también en la matriz cultural12 que incluye la privatización de los espacios, el despojo territorial, la transgresión a la cosmogonía local, la ruptura del tejido social de las redes de parentesco, la mutilación de los modos y ritmos de vida local, la evanescencia de saberes alimentarios, la criminalización y violencia contra quienes se oponen a estos proyectos, la cartelización regional posible, así como la efervescencia de conflictos ecoterritoriales.

Imbricación de escalas: lo global, lo corpóreo y lo existencial

Los proyectos hidroeléctricos son un fenómeno que demuestra con claridad la capacidad de enquistación de nuevas relaciones mercantiles (y, desde luego, políticas) en los espacios rurales. Hay impactos en los estilos de vida a nivel material y simbólico, las poblaciones afectadas ambiental y territorialmente dan cuenta de la impronta del modelo extractivo. Lo anterior revela un orden y ambiente expropiatorio altamente violento que lacera los tiempos, los ritmos, y los cuerpos de las personas que habitan los territorios aledaños al área de influencia del desarrollo hidroeléctrico.

Estos proyectos ilustran el grado de resonancia entre las políticas energéticas globales y nacionales a nivel intracomunitario, a escala humana; sacan a relucir la relación asincrónica de los ciclos de la actividad mercantil sobre los ciclos biológicos de los recursos naturales (hídricos, forestales, edáficos, especies terrestres y fluviales).  La intervención por los embalses de proyectos hidroeléctricos e hidráulicos también se inscribe en la memoria y en la piel, trastocan material y simbólicamente los principios vitales que se co-producen en la interdependencia de las personas y familias con el ecosistema fluvial, en efecto, reconfiguran la reproducción de la vida de un grupo humano material y existencialmente.13

La dimensión de los diversos impactos de los embalses de distinto carácter nos replantea la trascendencia de los cambios y procesos conflictivos derivados de estos proyectos. Más allá de los estudios técnicos y de impactos socio-ambientales, junto con la perspectiva material de la transformación territorial observada, nos permite comprender cómo sus efectos rebasan la microregión de influencia directa. Hay una articulación en otras coordenadas, extralocales y extra regionales, así como el surgimiento de nuevas redes de poder en las regiones afectadas y el arribo de nuevos actores, públicos y privados. Las comunidades afectadas suelen ser despojadas con varias tácticas, sin una representación cabal en los circuitos del poder regional.

La intervención ecoterritorial de las hidroeléctricas propicia el surgimiento de nuevas territorialidades, y dimensiones de existencia mediante la activación de otras formas sensibles, cognitivas y afectivas14 de habitar el espacio. Esto conlleva a la reconfiguración de nuevas formas de correspondencia humano-ambiente en un escenario atravesado por códigos mercantiles y extractivos dando paso a la construcción de trayectorias socioambientales y comunitarias vulnerables.

Ante eso, el sacrificio de los ríos, la degradación de los ecosistemas y el despojo de las poblaciones como parte del programa de la transición a las energías renovables dista de ser una propuesta limpia, inocua y sostenible.

 

Mariana Pelayo


1 Velarde, R. M. (2015). “Presas y Defensas de los Territorios”, Entre Textos, (18), 2-12.

2 Escobar, A. (2007). La invención del Tercer Mundo. Venezuela: Fundación Editorial El perro y la rana.

3 Castree, Noel. 2008. “Neoliberalising Nature: Processes,Effects, and Evaluations”. Environment and planning A 40: 153-173. http://dx.doi.org/10.1068/a39100.

4 Swyngedouw, E. (2005). “Dispossessing H2O: The Contested Terrain of Water Privatization”, Capitalism Nature Socialism, 16 (1), 81-98. doi:#10.1080/1045575052000335384

5 Ávila, P. (2016). “Hacia una ecología política del agua en Latinoamérica”, Revista de Estudios Sociales (55), 18-31.

6 Pelayo Pérez, M. B., y Gasca Zamora, J. (2019). “Reconfiguración de un territorio hidrosocial tras la construcción de la presa El Cajón, en Nayarit”, Región y sociedad, 31, e1201.

7 McCartney, MP, Sullivan, C, Acreman, MC (2000). Eco system impacts of large dams. Center for Ecology and Hydrology, UK. The World Conservation Union. Paper prepared for thematic review. In: Dams, ecosystem functions and environmental restoration, World Commission on Dams.

8 De Anda J. y González F. (2013). Calidad del Agua en la Presa de Aguamilpa, Nayarit, México (pp. 43-61). Guadalajara, México: CIATEJ.

9 Porto-Gonçalves, C. (2006). “El agua no se niega a nadie (La necesidad de escuchar otras voces)” Polis, 5(14) p. 0.

10 Robinson, S (2002). “The experience with dams and resettlement in Mexico”, Prepared for Thematic Review I.3: Displacement, resettlement, rehabilitation, reparation and development. Department of Anthropology, University Metropolitana, Mexico. 14 p. [Mayo 30].

11 Ávila García, P. (2016). “Hacia una ecología política del agua en América Latina”, Revista de Estudios Sociales, (55), 18-31. doi: 10.7440/res55.2016.01

12 Bartolomé, A. (1992). “Presas y relocalizaciones de indígenas en América Latina”, ALTERIDADES, 2 (4), 17-28.

13 Pelayo, Mariana (2020). Reconfiguración de modos de vida, mecanismos de respuesta local y procesos emergentes de gobernanza ambiental de comunidades aledañas a presas hidroeléctricas en el Río Santiago, Nayarit, México. Tesis de Doctorado, Universidad Nacional Autónoma de México, México.

14 Guattari F. (2008). La ciudad subjetiva y post-mediática/ La polis reinventada, Trad. de Ernesto Hernández y Carlos Enrique Restrepo, Fundación Comunidad, Cali. (Guattari, 2008: 160).

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Publicado en: Repensar el discurso

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