La prohibición de la comercialización, distribución y entrega de bolsas de plástico desechables a los consumidores en la Ciudad de México a partir del primer día del 2020, ha tenido lugar en medio de una polémica entre empresas productoras y distribuidoras de plástico que critican la medida, y organizaciones ambientalistas que la defienden y promueven. La medida fue aprobada el 9 de mayo de 2019 por el Congreso de la Ciudad de México y publicada en la Gaceta Oficial de la Ciudad el 25 de junio, reformando la Ley de Residuos Sólidos. A partir de 2021 se prohibirán también productos de plástico de un solo uso, como cubiertos, popotes, vasos, globos y cápsulas de café. Otros estados y municipios han comenzado a legislar en la materia; por ejemplo, en Nuevo León entrará en vigor una medida similar a partir de mayo de este año.

Ilustración: David Peón

Se ha hablado de volver al pasado, a la red, la canasta, la bolsa de papel y los cucuruchos. Lo cierto es que muchos de los alimentos que consumimos, en particular frutas y verduras, ya vienen en su envase perfecto, ecológico y compostable, y no requieren ningún recubrimiento o empaque especial adicional para el traslado entre tienda y vivienda o lugar de consumo. Las cáscaras de un plátano, un limón o un aguacate son el mejor recipiente posible para su contenido: lo contiene, lo conserva, lo protege del medio y le permite realizar su ciclo vital de crecimiento, maduración y finalmente degradación. Al parecer eso lo sabían nuestras adultas y adultos mayores durante los años sesentas, que llevaban sus redes de compra, donde todo podía mezclarse, siempre y cuando se respetaran ciertas reglas de acomodo en el trayecto y de almacenaje en los hogares. Hasta hace algunas décadas el plástico era un bien preciado que se reusaba cuantas veces fuera posible. ¿Quién no recuerda ese cajón de la cocina lleno de bolsas de plástico? Sin embargo, actualmente es tanto, que ya no sabemos qué hacer con él y terminamos desechándolo (cf. Chavez-Rodriguez, 2019).

Con el inicio de la producción masiva de plásticos en los años cuarenta, el plástico se ha consolidado en el régimen capitalista de producción y consumo a nivel mundial. Es material componente de los objetos y máquinas que manipulamos, y también se utiliza para contener, conservar, embalar y empacar (Halden, 2010). Esto permea tanto las dinámicas domésticas como los procesos industriales y de servicios. En 2018 se produjeron 359 toneladas de plásticos en todo el mundo (Mundoplast 2019). En la Ciudad de México se calculan aproximadamente 12,800 toneladas de residuos sólidos urbanos o 1.4 kg diarios por persona (Sedema 2016). No es de extrañar la cantidad de basura que producimos diariamente, ni la contaminación que ha generado en nuestros suelos, ríos, lagunas y mares, incluyendo las escandalosas islas de plástico (se han detectado 5 islas gigantes en todo el globo) que se forman a partir de las corrientes marinas y oceánicas, con un impacto devastador en las cadenas tróficas y por tanto en la pérdida de la biodiversidad (Ecoportal, 2019). Así, durante décadas, el plástico ha ido invadiendo nuestro entorno,  y aunque las alertas sobre la contaminación por plástico no son recientes, las preocupaciones sociales sobre nuestro comportamiento ambiental se intensifican ante las manifestaciones patentes de degradación ambiental y los cambios en el clima. Lo último ha derivado en políticas públicas para dejar de usar plásticos de un solo uso, muchos de los cuales tienen una vida útil de apenas unos segundos.

Mucho se ha insistido en la necesidad de cerrar la brecha abismal que existe entre la conciencia ambiental y los comportamientos ambientales individuales. Según el sociólogo ambiental alemán Helmut Lange (2000) de la Universidad de Bremen, ese abismo solo puede superarse, o al menos reducirse, si los esfuerzos de individuos y comunidades corresponden con las medidas de política pública a través de “estructuras de oportunidad” (Gelegenheitsstrukturen). Estas deben proporcionar las bases para establecer,  sistemas integrales de reducción del consumo, reuso, recolección, reciclaje y desecho de residuos urbanos e industriales.  Las medidas deben ir más allá de infraestructura gris (como contenedores públicos de basura, sistemas de recolección, puntos de reciclaje, máquinas recicladoras y rellenos sanitarios), e incluir campañas de información y concientización. Además, deben abarcan incentivos económicos públicos como multas y sanciones, así como promover el diálogo y colaboración con la iniciativa privada. Es decir, se deben mandar señales claras al productor, al distribuidor y al consumidor de que es más fácil, económico y ambientalmente responsable reducir, reciclar y reusar los plásticos que desecharlos.

Se esperaría que la prohibición de las bolsas de plástico en la Ciudad de México y en otras partes del país modifique de manera importante la estructura de oportunidades para hacer posible la reducción del consumo y desecho de plástico en la vida cotidiana. Gracias a esta medida, la Ciudad de México ha sido considerada como un ejemplo a seguir por otras megaciudades a nivel mundial, por ejemplo por el programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Las multas que se impondrán serán sin duda un incentivo económico crucial en tanto su implementación sea efectiva. Sin embargo, la propia Secretaría del Medio Ambiente (Sedema) capitalina reconoce la falta de capacidad de los inspectores ambientales para cubrir regularmente la totalidad de los puntos de venta, por lo que espera que el ciudadano sea el principal vigilante y denunciante. Por su parte, la industria del plástico ha insistido en la diferencia entre las bolsas desechables biodegradables y las compostables, siendo estas últimas las únicas permitidas, y hace hincapié en la dificultad para comprobar la compostabilidad de los plásticos que se detenten como tales.

Aquí surgen varios cuestionamientos para continuar reflexionando, por ejemplo, ¿cuál será el destino de todo el plástico ya producido, tanto bolsas plásticas como el resto de productos desechables incluidos en la prohibición? Estos probablemente serán objeto de comercialización en otros estados o en países a donde aún puedan exportarse. Si pensamos a nivel planetario, el daño ecológico está hecho. Además, habría que preguntarse, ¿cuál es el impacto ambiental de las bolsas reusables, ya sean de tela o de plásticos más resistentes?, ¿qué pasará si ahora acumulamos bolsas de tela? Y, finalmente, si lo que preocupa es el plástico, ¿por qué no ir tras la reducción y el reciclaje de botellas de agua y de refrescos embotellados en plástico que en México han encontrado un lugar idóneo?

Por otra parte, ante las quejas por la pérdida de empleos y ganancias en el sector por la entrada en vigor de prohibiciones de plástico, está por verse si la industria del plástico en México, encabezada por la Asociación Nacional de Industrias del Plástico (Anipac) y los Industriales de Bolsas Plásticas de México (Inboplast), reconoce la oportunidad de transformarse y convertirse en enclave de la industria del reciclaje. Se trata de una industria establecida y rentable, que es una realidad en muchos países, por ejemplo de la Unión Europea, donde se recicla desde el PET hasta los residuos orgánicos de los hogares para producir biogás. En México, algunas empresas ya han incorporado negocios de reciclaje en sus procesos como Grupo AlEn que convierte botellas de PET y PEAD en hojuelas de PET para su propio consumo y el de otras empresas, o bien la automotriz KIA Motors con su negocio Mobis Materials, que se dedica exclusivamente al reciclaje de toneladas de embalaje plástico y de cartón de sus propios insumos. También diversas organizaciones sin fines de lucro, como Grupo Promesa en Ciudad de México, se han involucrado en el tema de la separación de basura y reutilización de desechos en escuelas, universidades y empresas. No obstante, el promedio de reciclaje es de apenas 6.07% del total de residuos sólidos generados, esto incluye 1.95% que se recupera en los estados, 0.03% de los centros de acopio y 4.07% recuperados por recicladores urbanos y centros de acopio sin registro (Greenpeace 2019).

Los esfuerzos individuales y comunitarios de reducción de basura y reciclaje se ven frecuentemente frustrados por la falta de estas estructuras. Sobre todo, de parte del Estado, quien también podría promoverlas en la iniciativa privada. Es decir, el esfuerzo individual y comunitario de reciclar rebasa por mucho el incentivo económico, y pocas veces se tiene la seguridad de lo que sucede con lo que se recicla, y si esos esfuerzos tienen algún sentido. Estamos ante una individualización de la responsabilidad por el medio ambiente sin una correspondencia de medidas por parte del Estado que acojan estos esfuerzos y provean de estructuras de oportunidad que los promuevan y los generalicen.

Así que, además de la obligación de cambiar muchas bolsas plásticas desechables por unas cuantas bolsas de tela reusables, nos queda mucho por recorrer como sociedad. La Ciudad de México, sus habitantes, sus empresarios y su gobierno están ante el reto y la oportunidad de hacerlo posible.

 

Libertad Chavez-Rodriguez
Profesora-investigadora en CIESAS Unidad Noreste. Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Bremen, Alemania.

 

Referencias

Chavez-Rodriguez, Libertad (2019). “Teoría de los envases perfectos: de cáscaras, botellas y recicladores urbanos”, Blog VozEs43, Colectivo Académic@s de Monterrey 43 (19/08/2019).

Ecoportal (2019). “Estas son las islas de plástico que contaminan mares y océanos”, Página web.

Greenpeace (2019). “Reciclar, la falacia de la industria en la lucha contra la contaminación plástica”.

Grupo AlEn (2019). “Grupo AlEn promoviendo la cultura del reciclaje en Nuevo Léon”, Noticias. Página web.

Halden, Rolf U. (2010). “Plastics and Health Risks”, Annual Review of Public Health, 31(1), 179-194.

Lange, Helmut (2000). Ökologisches Handeln als sozialer Konflikt. Umwelt im Alltag. (La acción ecológica como conflicto social. Medioambiente en el día a día). Opladen: Leske+Budrich.

Mundoplast (2019). “La producción mundial de plásticos creció un 3,16% en 2018”, página web.

Sedema (2016). “La basura en la CDMX. Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México”, página web.