El frenesí de la vida actual nos impide ver más allá de lo cotidiano, por lo que en ocasiones no somos conscientes de los efectos de nuestras acciones del día a día. Lo cierto es que nuestros estilos de vida y nuestras decisiones de consumo diarias generan repercusiones ambientales, sociales e incluso para nuestra salud que no debemos soslayar. Un ejemplo de esto es la contaminación plástica producida por el consumo excesivo de plásticos de un solo uso.
En el año 2010, llegaron a los océanos alrededor de trece millones de toneladas de residuos de este material los cuales causan afectaciones a los ecosistemas marinos, incluidas las especies que los habitan.1 Por ejemplo, 700 especies interactúan con desechos marinos en todo el mundo y al menos 17 % de éstas son parte de la lista roja de especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN).2

Ilustración: David Peón
Los seres humanos no nos encontramos exentos de sufrir las afectaciones que genera esta contaminación. En un estudio reciente de Greenpeace México se evidenció la presencia de residuos plásticos en Áreas Naturales Protegidas (ANP) marinas del país, con un estimado de 3 500 piezas plásticas por km2 en el fondo del mar y dos piezas por km2 flotando en la superficie. Las ocho ANP estudiadas, ubicadas en el Caribe mexicano y el Golfo de México, brindan servicios ecosistémicos esenciales, como el acceso a alimento, la pesca o el turismo, por lo que la basura plástica puede afectar a las comunidades que requieren de esto para subsistir.3 Asimismo, uno de cada cinco pescados comestibles en México contiene microplásticos (piezas no mayores de cinco mm) en sus estómagos, lo que significa que el plástico podría convertirse en un problema de salud pública.4 Si bien, se requiere de mayores investigaciones sobre los efectos de la contaminación plástica en la salud humana, se estima que ingerimos cerca de 70 000 piezas de este material al año,5 y se ha detectado plástico, así como la presencia de bisfenol A, una sustancia química usada en envases de alimentos que tiene propiedades tóxicas y hormonales, en muestras de tejido adiposo y hepático.6
Para poder hacer frente a esta problemática desde su raíz, es importante tomar en consideración que su origen se halla en la producción y consumo desmedido de plásticos de un solo uso, es decir, de productos plásticos diseñados para utilizarse solo una vez o un par de veces y después desecharse. Entre éstos se encuentran artículos “desechables” como cubiertos, platos, bolsas y vasos así como envases, empaques y embalajes que vienen con la mayor parte de los productos que compramos en el supermercado.
A nivel global, la producción de plásticos alcanzó en 2018 la cifra de 359 millones de toneladas métricas,7 mientras que en México, de acuerdo a la Asociación Nacional de la Industria del Plástico, la producción es de siete millones de toneladas. De éstas, el 48 % se destina justamente a envases y embalajes. Por esto, los plásticos constituyen entre el 60 y el 70 % de la basura hallada en el mar. Por ejemplo, entre 21 000 y 34 000 millones de envases de PET de un litro terminaron en el océano en 2018.8 Cabe resaltar que el consumo desmedido de estos productos en las ciudades, aunque estén alejadas de la costa, incide en la contaminación marina por este material, dado que su ingreso a las alcantarillas, y la acción del viento y la lluvia, favorece su llegada a vías fluviales como ríos, que les abre el camino hacia el océano.9
Detrás de estos plásticos se encuentra no solo la industria dedicada propiamente a su producción y comercialización, sino también industrias conexas, como la de bienes de consumo rápido, léase refresqueras, o gigantes de la industria alimenticia, las cuales basan sus negocios en la comercialización de productos empaquetados o envasados en plástico. A la par, considerando que el 99% de los plásticos son producidos de hidrocarburos, esta industria también posee enormes intereses en que se mantenga e incluso se aumente la producción plástica. Así, de acuerdo a la Agencia Internacional de Energía,10 los productos petroquímicos, como el plástico, liderarán la demanda de petróleo hacia 2030, lo cual no es para nada alentador ante la emergencia climática actual.
El plástico es funcional al sistema económico capitalista dominante, ya que permite, mediante el empacado y envasado de productos, trasladarlos por largas distancias, favoreciendo el comercio global, y conservarlos por más tiempo en los estantes. Al mismo tiempo, al estar la economía anclada en la necesidad de consumir en exceso para no colapsar, los plásticos de un solo uso y la cultura del “usar y tirar” son esenciales para mantener el sobreconsumo requerido. La gente compra, desecha y vuelve a comprar.
Desde la segunda mitad del siglo XX, la cultura del “usar y tirar” se convirtió en un signo de modernidad, y los plásticos de un solo uso se volvieron esenciales para un nuevo estilo de vida basado en la conveniencia y en la inmediatez.11 Estos patrones de consumo no solo permanecen sino que se han fortalecido en la actualidad, donde consumimos a partir de la comodidad y rapidez de nuestras vidas citadinas. Así, el plástico de un solo uso se ha vuelto un símbolo de la sociedad de consumo en la que vivimos, inundando prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana e insertándose en la cultura popular y en el funcionamiento de las economías locales (piénsese por ejemplo en la venta informal de alimentos, como el esquite en el vaso de unicel, o los famosos vasos rojos de las fiestas).12
Así también, en la crisis sanitaria por covid-19 el plástico de un solo uso se ha posicionado en los contenedores para transportar alimentos a domicilio y en los empaques de los pedidos en línea, tan solicitados por la cuarentena (los equipos de protección personal como mascarillas, guantes y caretas, al ser insumos médicos, requieren de un tratamiento distinto).13 Así que además de la conveniencia, también se ha asociado al plástico de un solo uso con la higiene y la seguridad para prevenir contagios.
Los imperativos ambientales que enfrentamos hoy en día nos hacen un llamado a transitar hacia nuevas formas de consumo que sean más responsables con nuestro planeta. Y para ello, debemos comenzar con quitarle al plástico de un solo uso todos estos apelativos favorecidos por la publicidad de las empresas (conveniente, seguro, higiénico, cómodo) para mantenernos atadas al consumo excesivo que mantendrá sus ganancias a flote. Por ejemplo, diversos estudios14 han dado cuenta de que el SARS-COV-2 permanece activo por más tiempo (de dos a seis días) en superficies plásticas que en otros materiales, por lo que el plástico desechable no es en sí mismo más higiénico ni seguro. Si empezamos a cuestionarnos el modelo de consumo actual nos damos cuenta que tampoco es conveniente, el plástico desechable nos está contaminando a nuestro Planeta.
Para caminar hacia una solución a la contaminación plástica, y contribuir a una mejor salud planetaria, se deben tomar medidas que atiendan el problema de raíz. Por un lado, se encuentra la responsabilidad de los gobiernos, en los últimos años hemos visto la aprobación de legislaciones en al menos 25 estados del país para prohibir diversos plásticos de un solo uso, como bolsas de acarreo, las cuales, si bien son muy importantes para promover un cambio cultural y disminuir el consumo, no son suficientes y requieren de medidas adicionales.
Desde el poder legislativo federal se debe legislar para incluir en regulaciones como la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos (LGPGIR), principios como la responsabilidad extendida del productor, la cual implica que la industria se haga cargo de la gestión de los desechos que sus productos generan a través del establecimiento de planes de manejo de residuos ambiciosos y efectivos, al mismo tiempo en que se comprometa a reducir su producción de plásticos y dar a los clientes opciones libres de este material. El nuevo reporte de Greenpeace “Los reutilizables son posibles” da cuenta de cómo diversas empresas en países como Estados Unidos, India, o Chile están innovando en su modelo de negocio para distribuir sus productos sin plásticos, optando por sistemas basados en la reutilización y la recarga (refill). Entre los ejemplos destaca: el uso de botellas para bebidas que sean durables y retornables, el uso de dispensadores donde los clientes pueden rellenar sus propios envases con detergentes, champú, bebidas, etc. o el uso de contenedores reutilizables y lavables en los servicios de comida para llevar.15
A nivel individual, las personas también podemos transitar hacia la reutilización, a través de pequeños cambios en nuestros hábitos de consumo, por ejemplo: el uso de bolsas reutilizables para hacer las compras, de termos reutilizables para tomar café, la compra a granel, consumir productos locales libres de plástico y reducir nuestro sobreconsumo, etc. Sin embargo, no debemos olvidar que la crisis ambiental actual nos exige cambios que sacudan el sistema desde su raíz, y para ello, debemos demandar a los gobiernos y a las empresas cambios de fondo en el modelo de producción y consumo actual, el cual está basado en la explotación desmedida de los recursos naturales, su transformación mediante procesos contaminantes y el uso de materiales como el plástico que generan grandes residuos, lo cual no es sostenible en un planeta con límites ambientales claramente definidos. Solo de esta manera estaremos haciendo frente a las causas profundas que se encuentran detrás del estado actual de la salud planetaria. Necesitamos cambios sistémicos.
Ornela Garelli-Ríos
Especialista en consumo responsable y cambio climático en Greenpeace México.
1 Geyer, J. et al. (2015) “Plastic waste inputs from land into the ocean”.
2 Gall, S. C. y R. C. Thompson (2015), “The impact of debris on marine life”, Marine Pollution Bulletin, 92 (1-2), 170-179.
3 Rivera-Garibay O. O. et al. (2020). Impacto de la contaminación por plástico en áreas naturales protegidas mexicanas. Greenpeace México.
4 Greenpeace México (2019). Estudio sobre el impacto de la contaminación por microplásticos en peces de México.
5 Catarino, A. I., et al. (2018). “Low levels of microplastics (MP) in wild mussels indicate that MP ingestion by humans is minimal compared to exposure via household fibres fallout during a meal”. Environmental pollution, 237, 675-684.
6 American Chemistry Association (2020). Micro- and nanoplastics detectable in human tissues.
7 Garside, M. (2019). Global Plastic Production from 1950 to 2018. Statista.
8 Oceana (2020). Una sola palabra: retornables. Cómo puede el sector de los refrescos reducir la contaminación marina por plásticos en miles de millones de botellas al año.
9 Greenpeace España. ¿Cómo llega el plástico a los océanos y qué sucede entonces?
10 IEA (2018). The Future of Petrochemicals. Towards a more sustainable chemical industry.
11 Heinrich Böll Stiftung (2019). Plastic Atlas. Facts and figures about the world of synthetic polymers.
12 Véase más información en Heinrich Böll Stiftung (2019). Plastic Atlas. Facts and figures about the world of synthetic polymers.
13 Los residuos plásticos provenientes de equipos de protección personal también pueden evitarse optando por opciones reutilizables, véase Greenpeace México (2020). Expertos (as) en salud llaman a utilizar EPP reutilizables.
14 Chin, A.W.H. et al. (2020). “Stability of SARS-COV-2 in different environmental conditions”, The Lancet. Van Dorelamen, N. et al. (2020). “Aerosol and Surface Stability of SARS-COV-2 as Compared with SARS-COV-1”, The New England Journal of Medicine.
15 Greenpeace (2020). Los reutilizables son posibles.