Hoy 20 de mayo se conmemora el día mundial de las abejas. Un día para celebrar la enorme diversidad de abejas presente en nuestro país, pero también un día para compartir que registramos más de 300 000 colmenas de abejas muertas en México, y para reflexionar sobre los problemas que enfrentamos para conservar dicha diversidad.
En México hay más de 2100 especies de abejas nativas, lo cual representa el 10 % de la diversidad mundial de abejas estimada en poco más de 20 000 especies. De estas 2100 especies, sólo 46 pertenecen a la tribu de los meliponini, también conocidas como abejas sin aguijón, las cuales son sociales y producen y almacenan miel; en años recientes han ganado popularidad por su carisma, así como por el rico sabor de su miel, su origen mesoamericano, su estética y el que no piquen.
Sin lugar a duda la especie más popular de abejas en el mundo es Apis mellifera o abeja de la miel, una especie exótica, introducida a México hace más de 400 años y actualmente muy importante en el medio rural de nuestro país. La abeja de la miel es manejada por más de 40 000 familias apicultoras para quienes dicha actividad representa uno de sus mayores ingresos económicos. Apis también es importante por la función de polinización, tanto de cultivos como de plantas silvestres. La polinización, es decir, la fecundación de los óvulos en las flores por granos de polen de la misma especie llevados por las abejas, es responsable de la producción de muchas de las frutas que nos alimentan.

Abejas y agricultura, una relación virtuosa
Nuestra alimentación está íntimamente relacionada con la diversidad de abejas que habitan en nuestros agroecosistemas. A nivel mundial se estima que más del 70 % de las especies de plantas cultivadas requieren de las abejas para producir sus frutos; tal es el caso de la sandía, la calabaza, el aguacate, la vainilla, el melón o el maracuyá. La presencia de abejas para ciertas especies incrementa el tamaño, el peso y el número de los frutos, así como sus rendimientos. El efecto de polinización por abejas es variado dependiendo del tipo de cultivo del cual estemos hablando. Cada especie cultivada puede clasificarse, por su grado de dependencia a la polinización por abejas.

Por supuesto que también existen especies muy importantes en la alimentación que no requieren de abejas u otros animales para la polinización, tal es el caso del maíz y otros granos como el trigo o la cebada. Pero lo que es un hecho es que para poder disfrutar de alimentos diversos a lo largo del año es fundamental el servicio de polinización que desempeñan las más de 2100 especies de abejas de nuestro país.
Abejas y agricultura, el lado tóxico de la relación
Según el informe sobre polinizadores de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES), los factores que más afectan la diversidad de polinizadores, incluyendo a las abejas, son el cambio de uso de suelo, los plaguicidas, en particular los insecticidas, la siembra de cultivos genéticamente modificados y el cambio climático. Hay que recordar que las abejas (Apis mellifera) vuelan para recolectar polen y néctar una distancia de hasta 2 km; sin embargo, pueden volar mayores distancias. Esta característica significa que las abejas están expuestas a plaguicidas utilizados en decenas o centenas de parcelas, lo cual las vuelve particularmente vulnerables a la exposición a estos productos químicos que los agricultores vecinos a los apiarios utilizan en sus cultivos a lo largo del año.
Este problema está presente en diferente magnitud en diferentes regiones del territorio nacional. En esta columna nos enfocaremos en hacer una reflexión sobre el uso de plaguicidas y sus efectos en las abejas a nivel nacional, pero con mayor énfasis en la Península de Yucatán, región del país con mayor número de apicultores (más de 13 000 familias campesinas mayas dedicadas a esta actividad).
Tragos amargos asociados a la intensificación agropecuaria en la Península de Yucatán
La expansión agroindustrial así como la ganadería extensiva son las principales causas de deforestación en la Península de Yucatán. En los últimos cuatro años, la Península de Yucatán presenta una tasa cuatro veces mayor a la tasa anual nacional. Este proceso evidentemente resta recursos aprovechables, tanto alimenticios como de anidación, para las abejas silvestres. Además de incrementar su exposición a plaguicidas.
En el marco del proyecto Abejas y Territorios, la Alianza Maya por las Abejas Kabanalo’on y el Equipo Abejas de El Colegio de la Frontera Sur, hemos investigado cuáles plaguicidas se utilizan en la agricultura en más de 15 municipios de la Península de Yucatán. Como parte de los hallazgos preliminares de este proyecto, hemos detectado el uso de al menos 75 diferentes plaguicidas, de los cuales 27 están clasificados como muy tóxicos para las abejas. Es importante mencionar que, en condiciones reales en campo, en áreas de agricultura intensiva con alto uso de plaguicidas, las abejas y los insectos en general no están a expuestas solamente a un plaguicida, sino a cocteles que incluyen insecticidas, fungicidas y herbicidas. Existe evidencia sobre los efectos sinérgicos de plaguicidas en las abejas, los cuales son mucho mayores que los efectos aditivos si se evalúa el efecto aislado de cada plaguicida.
Por otro lado, nos dimos a la tarea de estimar el número de colonias de Apis mellifera que se han perdido en los últimos diez años por el efecto de los plaguicidas. Cabe mencionar que no existe un censo oficial de estas pérdidas, por lo que aquí presentamos una estimación que seguramente es mucho menor a las pérdidas reales. La información con la que se cuenta ha sido recabada de forma personal en campo, en registros realizados por el Comité Nacional de Fomento, Desarrollo y Sanidad Apícola y de apicultores individuales en muchos estados del país. Estimamos que a nivel nacional se han perdido más de 301 000 colonias de abejas en los últimos diez años. En el norte del país existen registros de los estados de Sonora, Sinaloa, Chihuahua, Durango, Zacatecas, Tamaulipas, y Nayarit. Los registros en estos estados son cuantiosos en buena medida por el uso de abejas para polinizar monocultivos intensivos de arándano. En el sur el único estado del cual no se tiene registro es Tabasco. Los registros son mayormente por fumigaciones en cultivos aledaños a los apiarios, mas no por el servicio de renta de colmenas para polinizar, aunque este uso comienza a ocurrir en ciertas regiones como Hopelchén, Campeche, para la polinización de sandía.
Es sumamente preocupante que los plaguicidas más frecuentemente encontrados en las abejas intoxicadas en todo el país son el fipronil e insecticidas de la familia de los neonicotinoides, mismos que están prohibidos en otros países, en particular en la Unión Europea, justamente por su toxicidad hacia las abejas.
La prohibición en México del uso de estos plaguicidas, el fipronil y los neonicotinoides, se vuelve fundamental para conservar las abejas nativas y para procurar disminuir los casos de muertes masivas de Apis mellifera por intoxicación de abejas en el territorio nacional.
Apicultores y apicultoras como guardianes de la biodiversidad
Las personas apicultoras juegan un papel importantísimo no sólo por la producción de miel que se estima en 1222 millones de pesos en 2021 al año, sino también por contribuir al manejo de las abejas que brindan un servicio de polinización estimado en 79 441 millones de pesos al año, lo cual representa el 19.2 % de la producción agrícola nacional anual. El papel de las apicultoras y los apicultores en la protección de los ecosistemas es sumamente importante, ya que, al ser atentas observadoras del estado de salud de sus abejas, al realizar las prácticas cotidianas de revisión, alimentación o cosecha de miel en sus apiarios, rápidamente detectan eventos de intoxicación por insecticidas cuando encuentran abejas muertas, moribundas o simplemente colmenas vacías. En ocasiones, las apicultoras y los apicultores organizados en cooperativas, grupos o asociaciones, en conjunto con grupos académicos, recogen las evidencias de las intoxicaciones, las dan a conocer y proceden con acciones legales. Sin embargo, en la mayoría de los casos estos eventos quedan sin ser notificados, ni registrados, ni analizados por académicos o instancias gubernamentales. Las apicultoras y los apicultores que están en redes logran visibilizar un problema ecológico que afecta no solamente a las abejas, sino a todas las especies de insectos del ecosistema. Estas letales afectaciones son imposibles de valuar en términos económicos, pues es imposible valuar la vida de millones de organismos que en cuestión de horas mueren intoxicados por plaguicidas altamente peligrosos (PAPS).

Acciones recientes
En marzo de 2023, ocurrió la mayor muerte masiva de abejas por intoxicación con plaguicidas en la Península de Yucatán. En dicho evento, más de ochenta personas apicultoras de los ejidos de Suc-Tuc y Crucero Oxa, en los municipios de Hopelchén y Campeche, perdieron más de 3300 colonias de abejas. Este evento encendió las alarmas sobre el uso de plaguicidas apitóxicos (tóxicos para las abejas) utilizados en la agricultura. Es una tragedia que sigue sin ser resuelta. Los apicultores no han sido indemnizados por la pérdida de su patrimonio, y peor aún, los casos de intoxicación de abejas siguen ocurriendo en varias regiones del país. A principios de 2024, se volvió a registrar una muerte masiva de abejas en la misma zona, perdiéndose casi 800 colmenas. La respuesta de las autoridades ha sido muy limitada, tanto en monitoreo, como en análisis y apoyo a los apicultores afectados.

Dicha tragedia movilizó un esfuerzo realizado desde varias organizaciones apícolas del país, principalmente la Alianza Kabnalo’on, el Comité Nacional de Fomento, Desarrollo y Sanidad Apícola, con académicos del Equipo Abejas de El Colegio de la Frontera Sur, de la UNAM, y de CIATEJ, para elaborar el “Protocolo de acción ante la muerte de abejas provocada por la aplicación de plaguicidas”. Dicho protocolo ofrece una guía para que apicultores y apicultoras puedan prevenir afectaciones y sepan qué hacer en caso de enfrentar un evento de intoxicación por plaguicidas. Esta herramienta ha despertado el interés en Semarnat y Sader, y actualmente se están discutiendo mecanismos para que el Estado se involucre en la prevención y acción y restitución de afectaciones a apicultores cuando ocurren dichos eventos.
Los últimos tres años han sido sumamente complicados para los apicultores. En 2024, empezaron la cosecha de miel hasta el mes de abril, en lugar de enero como solía ser hace menos de diez años. En el norte de Yucatán, el calentamiento global y la falta de lluvias afectan los patrones de floración de las especies de árboles y plantas nectaríferas y poliníferas de las cuales se nutren las abejas de los apicultores.

Durante el año 2022, un grupo de apicultores del estado de Yucatán perdió la certificación de miel orgánica, debido al establecimiento de granjas porcícolas a distancias menores a 7 km de los apiarios con certificación orgánica.
Por otro lado, los precios de la miel a nivel internacional en 2024 han sido muy bajos; en México el precio pagado apenas permite que los apicultores recuperen lo que invirtieron durante meses en el cuidado de sus abejas, mas no una ganancia significativa.

Un llamado urgente
Para terminar, nos parece importante retomar aquí la esencia del llamado que hacen las organizaciones que forman la Alianza Maya por las Abejas, Kabnalo’on, a las autoridades de los tres niveles de gobierno, a mejorar las políticas públicas en materia de agricultura y apicultura, buscando que la apicultura sea una actividad prioritaria y con garantías ecológicas, económica y sociales que permitan la permanencia de esta virtuosa actividad socioecológica.
En concreto se pide a las autoridades:
- Que se prohíba la comercialización y el uso del fipronil y los neonicotinoides.
- Que se trabaje en establecer mecanismos de prevención y atención de eventos de intoxicación de abejas por plaguicidas.
- Que se redoble el esfuerzo para detener el avance de la frontera agrícola, derivado de la expansión agroindustrial.
Además de la creciente muerte de abejas por la intoxicación con plaguicidas, la apicultura enfrenta graves problemas en los últimos años (sequía, deforestación, caída del precio de la miel). No solamente están en juego las familias de las personas apicultoras y la reproducción de numerosas especies de plantas silvestres, sino también la economía agrícola nacional, altamente dependiente del servicio ambiental de polinización. Por lo que el reto para el próximo gobierno en materia apícola no es pequeño. La colaboración entre apicultores y agricultores organizados, académicos, organizaciones civiles y los distintos niveles de gobierno es el único camino para garantizar el bienestar social y ambiental.
Eric Vides Borrell
Investigador por México, Secretaria Ejecutiva de la CIBIOGEM, Conachcyt
Irma Gómez
Investigadora asociada, Proyecto "Abejas y Territorios, El Colegio de la Frontera Sur.
Rémy Vandame
Investigador titular, departamento de Agricultura, Sociedad y Ambiente, El Colegio de la Frontera Sur.
Gracias por concientizar sobre el tema de las abejas.
Es importante saberlo para evitar este posible desastre.