¿Cómo se entrelazan las prácticas anfibias con los territorios? ¿Cómo se relacionan las formas de entender la exposición al daño de origen socioambiental con las experiencias de vida? ¿Y por qué la antropología médica requiere tiempo para acercarse y contar el daño a la salud a partir de los vínculos? Este fotoensayo explora estas preguntas.
¿Dónde está la vida que hemos perdido en vivir?
¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información?
—T. S. Eliot
La bruma humedece el aire que huele a sal. Son las nueve, pero parece que apenas amanece en este invierno.
El arco del pie se acomoda en el canto rodado en la senda zigzagueante hacia el mar. Debajo del brazo se adhiere la tabla y lo primero que toca el pie desnudo es humedad y espuma. El wetsuit es una segunda piel pero quedan descubiertas la propulsión y la cabeza. Bea1 mira a Vicky que viene saliendo y le grita: “¡Se te entumecen los dedos de los pies, las manos!”. Ríen.
“Está como trece grados la temperatura del agua”, dice Paula consultando Surfline, que tiene información histórica de la altura de las olas, la dirección del viento y la temperatura.
“Aquí en el mar te olvidas de todo” me dice El Güero, que hoy está pedestre con sus pies en sandalias, viste gorra, lentes oscuros y la piel blanqueada de bloqueador solar. “Es un estilo de vida, es como una adicción”, agrega Raúl quien, además de caminar sobre el agua, se sumerge: es buzo.
Como una medusa Velella, que es llevada por el viento y las corrientes, ahora Bea adquiere el ritmo pendular de la superficie del mar, mientras bracea y extiende su torso unido a la tabla. Ve una línea primero, luego el rostro de la ola y la monta para hacer maniobras: camina sobre la tabla, de ida y de vuelta, gira y se deja caer, “se la come la espuma” evitando las rocas de la costa. Y de nuevo, como sísifos, bracean como un solo cuerpo con la tabla, desde la costa hacia la caricia de la ola.
Esperar.
Mientras aguardan la ola, montan la tabla como jinetes. Conversan. La espera crucial de leer las líneas del mar. El tiempo de aprender a confiar. Dar la espalda a la costa.
Mirar el mar.
Una manada de delfines les ronda. A lo lejos una panga de pescadores levanta oleaje. “Ellos son surfistas natos”, me indica Gino, y agrega: “Cuando están los delfines es señal de que vendrán buenas olas”.
A veces de lejos se confunden los delfines con los surfos. Los pelícanos también.
Para entrar en las catedrales de cristal hay que recogerse. Cuando recorren y caminan la ola, se olvidan del mundo urbano. Caen o se dejan caer y se sumergen en un remolino de gotas, sal y espuma. Un instante que suspende todo sonido. La bocanada del regreso les recuerda algo: su condición anfibia.
Condición anfibia
Una comunidad se gesta con los ambientes de vida de mares y costas. Optando por una definición no antropocéntrica, las llamo modos de vida anfibios, donde se entretejen biografías humanas con otras especies marinas. Son los surfos, los buzos, los nadadores de aguas abiertas, los pescadores tradicionales (los de orilla o de altamar).
Cada uno de ellos ha tenido experiencias con las mareas rojas. Aunque ignoren sobre las surgencias marinas. Aunque han visto focas, lobos de mar, camarones, delfines, ballenas, langostas muertas en la costa.
Los antropólogos médicos indagamos cómo las comunidades afectadas interpretan o experimentan la exposición a la toxicidad de origen químico o de otras especies.
Seres Anfibios. San Miguel Surfspot. Primavera de 2023
Territorio
La Bahía de Todos Santos está ubicada sobre el Pacífico, en la península de Baja California, en México, al sur de la frontera con Estados Unidos. La bahía cubre aproximadamente 116 km2. Posee una costa de 39 km de longitud compuesta por acantilados y playas de arena. Allí hay sitios de surf en las costas de San Miguel, Tres Emes, Vicens, Stacks, Califas, Playa Hermosa, Conalep.
Entre Salsipuedes y la Isla de Todos Santos hay granjas de atunes y lobinas que se alimentan de sardinas y anchovetas de pesca industrial. Operan dos puertos: la rada portuaria, donde tan sólo en 2022 llegaron 332 cruceros, y otro pequeño en Sauzal, de pesca industrial.
La ciudad de Ensenada desplazó la fiebre del oro con la fiebre de la pesca. Incluso el exgobernador de Baja California —y expresidente de México— Abelardo L. Rodríguez erigió la Pesquera del Pacífico, su caserón, sus tierras, su patronazgo.
En esta bahía descargan los arroyos El Gallo, Ensenada, San Miguel y San Carlos. Además de las descargas de aguas residuales de la industria, agricultura y urbanas. No es nuevo, se sabe. Los seres anfibios recuerdan varios eventos de cierre de playas. Han estado en contacto con olores y expuestos a aguas turbias.
Manchas en el mar
Muchas especies marinas se alimentan de fitoplancton: peces, moluscos e invertebrados marinos. Sin embargo, cuando algunas de estas microalgas se vuelven más abundantes que otras, son visibles como manchones en el mar y se las llama “mareas rojas”.
Cerca de cuarenta especies de microalgas provocan Florecimientos Algales Nocivos (FAN). Se les llama nocivas porque contienen toxinas paralizantes o amnésicas para especies humanas y no humanas. Cuando los moluscos bivalvos y ciertas especies de pescados están contaminados con estas toxinas, pueden provocar una variedad de síntomas que van de leves —como una diarrea— a graves —como fallas neurológicas—.
Los seres anfibios ven mareas rojas, no Florecimientos Algales Nocivos.
Hay consenso científico de la relación entre el volumen y tipo de materia orgánica en el agua y tipos de florecimientos algales,2 por lo que cabría considerarlos de origen socioambiental.
Aguas Negras en playa Bahía de Todos Santos. Primavera de 2023
Data humanismo
Antes de que Pasteur llevase las granjas a los laboratorios, las explicaciones sobre lo que hacía bien y lo que hacía mal a los cuerpos se basaban en los ambientes de vida y en un modo de habitar.
Cuando los microscopios aislaron, se impuso la mirada del cuerpo diseccionado. Fragmentado, no se deja afectar el cuerpo al escindirse de los ambientes de vida (y su complejidad).
El conteo deja de contar la vida y la muerte. La inteligencia artificial une padecimientos a la espectacularidad de gráficas procesandoBig Data. La escala 1:100 satelital y las cámaras de videovigilancia ignoran detalles.
Nos faltan las historias que concatenen sucesos, vínculos, especies, objetos, al daño a la (percepción de) salud.
La antropología social escala en 1:1. Le importan los detalles. Escucha lo que se dice y se interesa por lo que no se dice. Y —si hay tiempo— observa desde la intimidad del primer plano, donde surgen los afectos. Donde se encuentra lo sensible.
Busco contar el daño a la salud desde el punto de vista de los vínculos.
Seres Anfibios. San Miguel Surfspot. Primavera 2023
Hay testimonios, detalles.
“Aquí el problema no son las mareas rojas, sino la mierda que hay en el agua”.
—Luis, 30 años. Persigue las noctilucas que iluminan las olas de noche.
“He visto muchos eventos de mareas rojas en Ensenada. Algunos no surfean. Una vez salieron cientos de langostas muertas, con las mareas rojas por San Miguel. Pero si las olas son muy buenas, la gente igual se mete, aunque luego nos dé como una sinusitis, a otros sarpullido”.
—Boris, 50 años, oceanólogo surfo.
“Desde chico he estado surfeando en marea roja y nunca me pasó nada. Y yo le voy más a que fue la contaminación. Al diésel. Lo que sí he notado es que cuando hay marea roja, en la playa sí veía más moluscos muertos. Los clams, los oysters muy abiertos, los choros de otro color. Siempre agarrábamos para comer mejillones o erizos cuando íbamos a surfear, pero cuando había marea roja era como que cambiaban el color”.
—Carlos, 40 años, velerista y surfista
La causa de enfermar restringida a un agente que invade el cuerpo cerrado (virus, una bacteria, hongos, insectos, sustancias químicas o naturales) narrado en clave militar, es una perspectiva androcéntrica, antropocéntrica, etnocéntrica y colonial.
Las intoxicaciones de origen socioambiental reposicionan la mirada en la historia ambiental de un lugar. Reconoce el tiempo del daño, del proceso que va de un bien-estar a un mal-estar. Habla de complejidad por cómo se interrelacionan fenómenos y cómo actúa la simbiosis.
La antropología médica observa el cuerpo como permeable y escucha los saberes comunitarios que hablan del territorio por medio del daño a sus cuerpos.
Seres Anfibios: Medusa Velella. Playa Pacífica. Primavera 2023
Hay datos, no detalles.
En la Costa Pacífico de Baja California son frecuentes las mareas rojas. Aunque sólo en algunos de esos eventos, se hallaron aquellas microalgas que producen toxinas (Pseudo-nitzschias y Ceratium divercertum) y no siempre en la abundancia que las clasifica como un FAN.
Si bien se cuentan 460 intoxicaciones por toxinas de tipo paralizante en almejas y 32 muertes entre los años 1979 a 2020 en todo el Pacífico mexicano, han sido menos frecuentes en la costa norte de la península de Baja California, donde no se han reportado intoxicaciones en humanos.
No es todo. En la última década, la prensa ha hecho eco de la frecuente contaminación de las playas de Ensenada, en la Bahía de Todos los Santos. Investigadores, cronistas y vecinos recuerdan épocas peores.
Esto explicaría que se confundan como causa del daño, la contaminación por aguas negras, mareas rojas o un Florecimiento Algal Nocivo.
De cómo los grupos sociales perciben el potencial daño es como resuelven la atención / prevención, sostenemos los antropólogos médicos.
Elaboración propia a partir de entrevistas y fuentes secundarias
Conversar
La filósofa de la ciencia Isabelle Stengers señala que sus colegas científicos no atienden ni entienden que los aficionados —los no doctos—, discuten datos y epistemes científicas desde sus experiencias de vida.
La artista Yiyú Finke me dice: “Somos demasiados emisores y pocos receptores. Cambió la comunicación en estos tiempos”.
Estos desencuentros también interesan a los antropólogos médicos.
Seres Anfibios. San Miguel Surfspot. Primavera 2023
Tiempo de vida, tiempo de daño. Primavera 2023
Eva Bidegain
Antropóloga médica, etnógrafa y cronista. Investigadora posdoctoral en el CICESE con el Proyecto “Saberes, Exposición y Afectación de Mareas Rojas/Florecimientos Algales Nocivos en Baja California”, financiado por CONAHCYT.