Las Brisas Marinas:
tejedora de la naturaleza costera

Brisas marinas

Boca Iglesias

Ilustración: Mateus Cervantes González

Suspiros del mar en espiral, flor y canto de la madre naturaleza, invisible como el aroma del mar, invisible como el primer aliento, sabia y anciana desde su compleja creación, resiliente en esencia, que perfuma y nutre amorosamente los sentidos del ser cocreando saberes, sabores y texturas de estas fantásticas marinadas de paz.

La costa

La costa se considera un sistema socioecológico integrado por diversos elementos y múltiples ambientes, tales como playas, dunas, acantilados, lagunas costeras, manglares, selvas y un sustrato de asociaciones biofísicas, sociales y culturales del territorio. Ecológicamente, se considera un ecotono, término que se refiere a la convergencia de dos ambientes, el terrestre y el marino, que contiene múltiples y diversos componentes. Estas características y atributos generan un equilibrio dinámico dentro de un contexto espacial y temporal en constante cambio. Este equilibrio está influido por una serie de condiciones ambientales, como la temperatura, salinidad, humedad, composición del suelo, viento, evaporación, desecación, competencia, los efectos de las mareas, las corrientes, el oleaje y fenómenos climáticos específicos menos conocidos, como las brisas marinas.

La Costa Norte de Colima

Boca Iglesias

Fotografía: Omar Cervantes

Las brisas

Las brisas marinas son el resultado de la evaporación en el océano debido al contraste de temperaturas, manifestándose durante el día con diferentes frecuencias e intensidades. Son impulsadas por el viento, que las dispersa a decenas de kilómetros tierra adentro, de manera similar al aleteo de una mariposa. Estas brisas generan condiciones ambientales, como la temperatura y la humedad, que favorecen la distribución espacial de las coberturas del suelo y la formación de diversos hábitats en el litoral.

Estos “suspiros del mar” representan en realidad un servicio ambiental para la sociedad, ya que contribuyen al confort climático. Además, reducen el estrés y la ansiedad al refrescar espacios recreativos, habitacionales y turísticos, especialmente aquellos relacionados con el turismo de sol y playa, y las segundas residencias. También forman parte de la cultura alimentaria popular en las zonas costeras del mundo, siendo esenciales para las cosechas y la disponibilidad de especies comestibles.

Un ejemplo se encuentra en las zonas tropicales, donde las brisas marinas dan lugar a prácticas culturales vinculadas a productos como los palmares, cocoteros, mangos, papayos, y otros elementos vegetales y animales obtenidos mediante actividades de recolección, captura y extracción tanto terrestre como marina. Estos elementos se reconocen como parte del patrimonio alimentario regional costero.

Los efectos de este maravilloso e invisible fenómeno nos permiten reconocerlo como un tejedor silencioso de la naturaleza costera, que da vida a paisajes llenos de sensaciones, sabores, olores y texturas. Aunque intangible, la brisa es esencial, ya que actúa como la base que sostiene los flujos económicos, sociales y turísticos, convirtiéndose en un recurso valioso y un activo clave para el equilibrio socioambiental.

Suspiros de Mar

Boca Iglesias

Fotografía Itzel Sosa-Argáez.

Las brisas

¿Cómo podrían considerarse las brisas marinas como un elemento novedoso en términos de gestión costero-marina? En primer lugar, las brisas marinas, aunque invisibles en apariencia, son percibidas y sentidas. Han sido estudiadas principalmente en los campos de la meteorología, climatología y oceanografía. En la gestión costera, se presentan como un referente natural, fabuloso y fantástico, en cuanto a la influencia del océano sobre el espacio terrestre. Desde el punto de vista del ordenamiento y la planificación territorial, podrían considerarse como un límite o frontera natural de la costa. En términos de delimitación funcional, estas brisas podrían ayudar a establecer la zona costera, ya que en los instrumentos del marco jurídico ambiental relacionados con el litoral, únicamente se consideran límites administrativos y biofísicos.

De ahí surge una oportunidad para conceptualizar una frontera ecosistémica y dinámica, que responda a las diferentes condiciones climáticas y oceanográficas de cada región en las extensas costas de nuestro país. Esto podría ser clave para la planificación y toma de decisiones, facilitando una gestión sostenible de la biodiversidad. Dicha gestión debe adaptarse a las características específicas del suelo y la atmósfera, que están profundamente influenciadas por las brisas marinas.

El papel de las brisas en la composición y estructura del paisaje es crucial. Estas influyen en los elementos biofísicos, los ecosistemas y los servicios ambientales que sostienen a las comunidades y poblaciones costeras, quienes se benefician en aspectos escénicos, recreativos, sensoriales, culturales y alimentarios. En este último aspecto, las brisas, conocidas como sea breeze o the doctor en países como España, Estados Unidos y Australia, son formadoras de paisajes alimentarios que albergan sistemas gastro-ecológicos. Estos sistemas reflejan las interacciones y la sincronización entre los procesos oceánicos y la costa, incluyendo las brisas marinas, las salpicaduras, el oleaje, las mareas, las corrientes y el viento.

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Coberturas

Boca Iglesias

Fotografía: Omar Cervantes

Pacifico central mexicano

En el Pacífico Central Mexicano (PCM) existen paisajes formados por acantilados marinos rocosos, que presentan una riqueza geológica y biológica, representada por diversas especies de flora y fauna marina. Estas especies han sido aprovechadas a través de los saberes y tradiciones locales. Entre ellas, destacan dos especies endémicas de moluscos poliplacóforos: Chiton articulatus y Calyptraea spirata, conocidas como cucaracha de mar y gorro o gorrito. Ambas especies pueden ser consideradas parte del patrimonio alimentario regional costero, tanto natural como biocultural.

Gorro Calyptraea spirata (bolsa y vaso) y Cucaracha Chiton articulatus y (mano).

Boca Iglesias

Fotografía: Itzel Sosa-Argáez

En las costas de Colima, la carne y la concha de Calyptraea spirata son muy apreciadas como alimento por los habitantes locales. Se recolectan manualmente en los acantilados o mediante buceo con compresor durante la pesca de langosta y pulpo, por lo que tienen una importancia social y económica significativa en la región. Estas especies no sólo proveen alimento, sino también ingresos económicos a las comunidades locales, que comercializan su carne y sus conchas de manera directa.

Sin embargo, se carece de buenas prácticas para su manipulación y conservación. Además, se prioriza el uso de plásticos, lo que genera residuos y microplásticos que afectan la cadena alimentaria marino-costera. La demanda y venta en restaurantes, mercados de mariscos, bares y coctelerías varía a lo largo del año, dependiendo de las costumbres y tradiciones locales, como Semana Santa, periodos vacacionales, fiestas decembrinas y días festivos, así como de las condiciones climáticas, como marejadas y temporales. Existen registros del consumo y aprovechamiento de subsistencia y autoconsumo como parte de los usos y costumbres de las comunidades costeras locales.

Suspiros de Mar. Génesis de Colores y Formas en la Costa

Boca Iglesias

Fotografía: Itzel Sosa-Argáez

Las brisas marinas forman parte de ese elemento invisible, indivisible e intangible que se siente, huele y percibe, integrándose a los paisajes alimentarios y gastroecológicos. Como sistemas socioecológicos complejos, ayudan a tejer una red de saberes populares transmitidos de generación en generación. Estos saberes se reflejan en las creaciones y registros de las comunidades, que conforman parte del patrimonio alimentario regional costero. Estas tradiciones han sido construidas con la dedicación de dos generaciones de mujeres y hombres, quienes les imprimen un sello tradicional, caracterizado por su constante movimiento y renovación.

La tradición, en este caso, no es un fenómeno estático, sino uno que registra cambios visibles y auténticos, combinando alimentos que el acantilado proporciona con aquellos traídos desde el interior, impulsados por las brisas. Es importante aclarar que no se debe confundir lo tradicional con lo antiguo, ya que lo tradicional no necesariamente debe tener muchos años. Lo que define lo tradicional es la adjudicación que la comunidad hace de un rasgo cultural, como la preparación de alimentos, lo cual convierte ese rasgo en propio y lo transforma en parte de sus usos y costumbres.

Las escenas que representan los paisajes alimentarios y gastroecológicos son el resultado de una compleja interacción entre el entorno natural y las comunidades costeras. A través de los saberes tradicionales y los conocimientos adquiridos, estos vínculos se traducen en técnicas culinarias, sabores, colores y texturas que forman parte esencial de la identidad local. Esta relación profunda entre la naturaleza y el ser humano, con el toque especial de las brisas marinas, se transforma continuamente en nuevos conocimientos. Dichos saberes permiten crear formas seguras y sustentables de consumo, logradas mediante la implementación de prácticas como el establecimiento de tallas mínimas, la regulación de vedas y el control de volúmenes de recolección, fomentando así un uso responsable y sostenible de los recursos.

Este proceso contribuye a la creación de una robusta red de conocimientos surgidos desde una visión de interconectividad y transcolectividad entre los habitantes costeros. Además, tiene el potencial de aportar significativamente al manejo de los recursos naturales, en conjunto con políticas públicas y normativas que regulen el consumo humano y garanticen la conservación de especies como los quitones poliplacóforos Chiton articulatus (cucaracha de mar) y Calyptraea spirata (gorro).

Las Brisas y los Paisajes Alimentarios Costeros

Boca Iglesias

Fotografía Itzel Sosa-Argáez

Las brisas marinas o suspiros del mar son una pieza novedosa y fundamental para la planificación, gestión y conservación de los sistemas socioecológicos complejos. Estos sistemas están compuestos por aspectos culturales, comunitarios, biodiversos y alimentarios, y las brisas juegan un papel clave en el engranaje de sus efectos funcionales. Estudiemos y exploremos este manto seductor, misterioso y fascinante, que teje escenarios y espacios de magia sensorial, llenos de saberes y sabores. Además, las brisas aportan beneficios a la salud emocional, el bienestar y el disfrute de las comunidades, poblaciones y habitantes del litoral del Pacífico Central Mexicano.

Es ella la tejedora de la naturaleza costera, quien con su aliento crea, hila y borda paisajes marinos infinitos.

 

Omar Cervantes
Facultad de Ciencias Marinas. Universidad de Colima

Itzel Sosa-Argáez
Facultad de Turismo y Gastronomía. Universidad de Colima.

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Publicado en: Horizontes artísticos