Tomando como punto de partida la penetración intensificada de megaproyectos en la región, el presente ensayo fotográfico da cuenta de varios paisajes del Altiplano Potosino y del valor cultural de Wirikuta que comparte este mismo espacio geográfico. La documentación que aquí se incluye se reunió entre junio y agosto del presente año como parte de un proyecto de investigación que contribuye a las iniciativas para la defensa del Área Natural Protegida de Wirikuta ante sus más recientes transformaciones. Los siguientes párrafos escritos por Diana Negrín están acompañados por fotografías tomadas por Joaquín Urrutia e invitan a que el público aprecie el contraste entre los campos industriales y las milpas, y reconozca el paisaje biodiverso y las comunidades que la habitan para así imaginar otras formas de cuidar y articular relaciones a través de pueblos distintos y como manera de afrontar la crisis climática.
Ojo de Dios en el Cerro del Quemado. El tsik+ri u Ojo de Dios representa la interconexión entre los cinco puntos cardinales y lugares sagrados del pueblo wixárika
Formaciones de acero y plástico en tierra sagrada
Los veranos del Altiplano Potosino sueltan una combinación de verdes auspiciados por las lluvias estacionales que humedecen esta zona caracterizada por chaparrales y mezquitales adaptados al clima semiárido. Según un inventario de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y la Comisión Nacional Forestal (Conafor), las yucas, los mezquites y la gran variedad de cactáceas que conforman esta región tienen importantes funciones ecológicas que permiten reducir la desertificación a la vez de ofrecer un “potencial económico” subestimado. No obstante, el plan de desarrollo económico que tiene el gobierno ofrece otra óptica donde la biodiversidad semiárida se denomina carencia para justificar la reconfiguración del uso de suelo bajo modelos supuestamente más productivos; en este caso, campos industriales de jitomate, chile, carne y huevo.
El Área Natural Protegida de Wirikuta en el Desierto Chihuahuense es uno de los desiertos más biodiversos del planeta
En recorridos recientes por diferentes localidades del Altiplano, escuché la angustia que viven las y los habitantes al presenciar ciclos de lluvia inconsistentes cuyo efecto perjudica sus cosechas e induce la migración lenta que los transforma en mano de obra barata para el sector agropecuario, minero o doméstico en otras geografías.
En años recientes las y los campesinos han sido testigos del uso por las grandes empresas de tecnologías que interrumpen y modifican las lluvias
Durante el verano fui testigo de los torbellinos de tierra que aparecen en el horizonte cuando se desmonta la riqueza de la flora del desierto para instalar nuevas parcelas industriales. Observé los cráteres y deformaciones en las montañas que deja la minería, tanto la de antaño como la actual. Vi el camión de perforación de pozos profundos completando sus labores para suministrar agua fósil a las nuevas instalaciones de la granja de huevos San Juan, entre Estación Vanegas y Estación Catorce.
Para el pueblo wixárika, el Cerro del Quemado es el lugar donde nació el sol; hace diez años una empresa canadiense buscaba operar una mina en este lugar sagrado
Para el pueblo wixárika este territorio se llama Wirikuta y es un destino sagrado a la que peregrinan desde tiempos inmemoriales para trazar los caminos de sus antepasados. En su visión del mundo, somos seres inextricablemente ligados a otros animales y al paisaje natural, hasta el grado de transformarnos a través de nahuales, formaciones rocosas y cristales relacionados a puntos geográficos. Desde Reu’unax+, el Cerro del Quemado donde nació el Sol, vi cómo se había expandido aquella mancha humana creada por la alianza entre el estado y empresas privadas. Los tonos verdes del semidesierto después de un par de meses de lluvia hacen un extraordinario contraste con el café de la tierra parcelada y desmontada, o los blancos y grises de la industria. Desde el horizonte floreado de Reu’unax+ se aprecia la presencia de una familia wixárika, elegida para cumplir con el cargo de vigilar este lugar sagrado cuyo pequeño templo, o xiriki, tiene como mirador el vasto valle desértico hacia su lado poniente, y la Sierra de Catorce como su inmensa falda hacia el oriente.
Es un lugar que muchos visitadores describen como mágico y su geografía contiene elementos sagrados para las y los devotos católicos quienes rinden culto a San Francisco de Asís (relacionado al cuidado de la ecología) y a Nuestro Señor de la Humildad quien cumple funciones relacionadas al temporal de lluvias. El paisaje aún no se recupera de la erosión y contaminación causada por las olas anteriores de minería. Y ahora, las construcciones metálicas de huevos San Juan y la granja de porcicultura colindante se imponen en el paisaje del rústico camino de piedra que conduce al Pueblo Mágico de Real de Catorce. La belleza antigua de los pueblos, la inmensidad del paisaje y sus diversas simbologías sagradas se contraponen a los rápidos cambios que brotan.
La agroindustria acelera su presencia a lo largo del Altiplano-Wirikuta
En el 2021 la empresa de Huevos San Juan concluyó la construcción de su segunda granja industrial en el Altiplano-Wirikuta
Crisis ambiental y la miseria de los megaproyectos
Escribo este texto desde California, territorio transformado por dos siglos de capitalismo a toda fuerza y volumen. Tras declararse territorio de Estados Unidos, la minería y sus industrias asociadas le dieron una integración vertiginosa a la economía global. Los impactos ambientales a largo plazo se revelan ahora con los ciclos de sequía e incendios destructivos y la permanencia de metales tóxicos en diversos cuerpos de agua. La lluvia estacional nunca ha abastecido la agricultura a esta escala, por lo que desde hace 150 años se comenzaron a desviar y apresar ríos—en algunos casos desertificando valles fértiles para crear simulacros tropicales en Los Ángeles. El ocaso ambiental en California se dio en los años que Carlos Marx escribió Miseria de la filosofía donde analiza la producción capitalista como un resultado del hecho de que “gran número de productos no se encuentran en la naturaleza”, tienen que ser producidos en masa y esto requiere una reconfiguración territorial y social.
Los megaproyectos son el resultado más avanzado de este sistema porque requieren de un alto volumen de capital que les permite la compra de grandes extensiones de tierra, el acceso a concesiones de agua y energía para abastecer sus operaciones, y mano de obra dócil. Los megaproyectos deben de entenderse no por separado, sino como parte de una red de empresas que operan en una misma geografía. En el caso del Altiplano-Wirikuta, existe un anillo que conecta diversas industrias a través de sus municipios colindantes: los proyectos de energía eólica en el Municipio de Charcas se vinculan a las granjas avícolas en Catorce y Vanegas, a las operaciones mineras en la Sierra de Catorce y a los campos agrícolas que se multiplican por toda la zona baja. Y aunque los megaproyectos se presentan como inversión social, a menudo las comunidades afectadas sospechan lo contrario, tal como sucedió con la ahora interrumpida presa de La Maroma que hubiera abastecido agua para actividades mineras. Sobran ejemplos para demostrar que los megaproyectos sustentan un modelo de desarrollo donde los pueblos ven sus territorios transfigurados a cambio de un mísero derrame económico y grandes impactos ambientales.
La presa de La Maroma ha sido un proyecto controvertido más por los daños ambientales que le causaría a un río que aún fluye libre
Semillas de la esperanza
¿Cómo mantenemos la esperanza ante condiciones tan desalentadoras? ¿Qué herramientas tenemos a la mano para intervenir desde nuestros diferentes conocimientos y puntos geográficos?
Hace una década Wirikuta era un tema de debate nacional ante la oposición a 22 concesiones mineras que operarían dentro del Área Natural Protegida y que afectarían directamente el lugar sagrado donde nació el sol, Reu’unaxi. Organizaciones civiles, artistas e intelectuales se sumaron a la defensa y buscaron fomentar alternativas económicas para la población del Altiplano. Aunque no se consolidaron algunas de las iniciativas en aquel momento, quedaron semillas que son retomadas por nuevos y viejos actores.
El Comité por la Defensa del Agua y Tierra de Catorce une habitantes de diferentes localidades para frenar el alcance de los megaproyectos en la región
El 1 de julio del 2021 nació el Comité por la Defensa del Agua y Tierra de Catorce como manera de exigir los “derechos humanos a la salud, agua y a un medio ambiente sano” de los habitantes de la región. Deletrean la importancia de vivir honradamente de sus tierras, conseguir trabajo digno y buscar maneras de implementar técnicas que mejoren los suelos de sus parcelas, la absorción de agua y la producción local. Con el respaldo de varias comisiones estatales de derechos humanos, esta nueva organización exige una regulación inmediata a las actividades agropecuarias que operan fuera de las normas ambientales establecidas. Su llamado fue respaldado el 7 de septiembre por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente que inspeccionó el vertedero de excretas en el Municipio de Catorce y concluyó un probable cambio de uso irregular, mientras que la Comisión Nacional del Agua dio a conocer que no existen concesiones para “descargas residuales avícolas y porcícolas” en los municipios donde operan dichas empresas.
Taller agroecológico en el Ejido de Las Margaritas, julio 31 del 2021
Con las alianzas sociales también se practican otras visiones que parten de la riqueza biológica y cultural. Fui entonces también testigo de cómo, ante la crisis del agua, algunos locales del Altiplano y miembros del pueblo wixárika se han comprometido a hacer el trabajo espiritual que complementa las acciones políticas de las asociaciones intercomunales wixáritari que llevan años luchando por la protección de sus territorios ancestrales y por la disminución preocupante del peyote, planta sacramental endémica al Desierto Chihuahuense. Tuve el honor de presenciar una de las veladas y cantos que identificó el origen de la problemática climática como uno ligado a nuestra negligencia de la tierra y sus semillas; es decir, a nuestra relación fallida con la naturaleza. Al final de la velada, un campesino se paró entusiasmado para señalar que la conclusión del cantador era la misma que la de los científicos que asesoran al Papa Francisco, cuya Encíclica Laudato sí resalta la urgencia del “cuidado de nuestra casa común”.
Los saberes católicos y wixaritari se articulan por el bien del agua y de la tierra
Procesión para el día de San Juan Bautista, junio del 2021
Según algunos caballerangos de Real de Catorce, la cancelación del proyecto minero de First Majestic Silver permitió una revitalización del turismo local e iniciativas para plantar árboles en las colinas deforestadas desde las décadas iniciales de minería. Señalaron que la cancelación de las concesiones no había sido catastrófica, abrió un importante debate y atrajo una economía más sustentable a través del turismo a pequeña escala. Gracias a las inquietudes de habitantes y de miembros de la sociedad civil aún brotan y se tejen sueños que fortalecen modelos agroecológicos que celebran la flora nativa como fuente de restauración biocultural y contrapeso a los megaproyectos.
La plantación de mezquites y magueyes es una estrategia emergente para restaurar el suelo y crear oportunidades económicas
Existe esperanza donde se siembran antiguas y nuevas prácticas que perduran como una serie de pequeñas olas que quieren desacelerar nuestro paso hacia el abismo climático. Todas y todos tenemos la capacidad de nutrir esta diversidad de semillas que tenemos a nuestro alcance, cuidando de su crecimiento como si fueran los ojos de agua que se ofrendan a lo largo del camino de las y los peregrinos wixáritari. Del cuidado de estas semillas depende nuestro futuro colectivo.
Las semillas de la esperanza brotan con las prácticas compartidas a través de diferentes generaciones, culturas y saberes
Diana Negrín
Geógrafa y curadora
Joaquín Urrutia
Fotógrafo
Agradecemos al Centro Maria Sibylla Merian de Estudios Latinoamericanos Avanzados, el Consejo Regional Wixárika por la Defensa de Wirikuta, Eduardo Chávez Guzmán, Mario Muñoz Cayetano, el ejido de Las Margaritas, Mariola Sánchez, la Unión Wixárika de Centros Ceremoniales de Durango, Jalisco y Nayarit, Angel Urrutia, y el Wixárika Research Center.