Humedales de Boca Iglesias: presente, pasado y futuro

Boca Iglesias ofrece una vista al pasado, a la belleza escénica que alguna vez poseyeron otros cuerpos costeros del Caribe Mexicano. Este paisaje caribeño de aguas transparentes en tonos verdes azulados, sostiene una gran diversidad de especies de flora y fauna. Con características ambientales excepcionales, selvas, manglares, pastizales marinos, dunas, playas de arenas blancas y un océano que se abre paso hacia el Golfo de México, Boca Iglesias es un ecosistema clave en la transferencia de materia y energía entre hábitats a través de la red trófica que integran numerosas especies de vertebrados e invertebrados.1


Boca Iglesias

Boca del limbo, norte de Boca Iglesias

Los humedales costeros de Boca Iglesias se ubican en Quintana Roo, muy próximos a Cabo Catoche, en el extremo de la costa nororiental de la península de Yucatán. Su laguna interior y zona costera se encuentran desprovistos de infraestructura, sin hoteles, marinas, campos de golf ni densas poblaciones humanas, lo que convierte a Boca Iglesias en uno de los últimos remanentes de zona costera sin transformación, en un continuo de cambio que abarca prácticamente todo el estado de Quintana Roo.

Al interior de la laguna costera, entre sus canales, fondos de pastos marinos, planicies y los mogotes de manglar, se forman ambientes propicios para el cortejo, la reproducción, el crecimiento y albergue de larvas, juveniles y reclutas de especies de importancia comercial y ecológica para la región, como el camarón rojo, el pargo, el robalo, tiburones y la raya moteada. Muchas de estas especies pasan la primera parte de su vida al interior de la laguna costera.2

Boca Iglesias

Manglares y pastos marinos, al norte de Boca Iglesias

La zona marina de los humedales de Boca Iglesias es un sitio importante como área de alimentación, descanso y reproducción de la tortuga carey, la tortuga caguama, la tortuga verde del atlántico, la tortuga laúd y es uno de los pocos resguardos naturales del manatí del Caribe; todas ellas, especies que se encuentran dentro de alguna categoría de riesgo. Por otro lado, es también una zona importante para la anidación, alimentación y descanso de numerosas aves residentes y migratorias como el ibis blanco, la garza cucharón, la garza morena, el flamenco rosado y algunas aves rapaces. Sin duda alguna, su belleza natural y su biodiversidad son atributos que la hacen mágica, especial.

Boca Iglesias

Flamenco rosado e ibis blancos, Boca del limbo, norte de Boca Iglesias

Esta riqueza faunística y florística alguna vez sostuvo a una densa población maya que habitó a lo largo de su franja costera durante el Posclásico Tardío (1200-1520 d. C.). Los humedales de Boca Iglesias formaban parte de una extensa red comercial bien organizada, con rutas de navegación que conectaban con asentamientos y puertos importantes de la época. Antiguamente conocida como Ekab (de la lengua maya éek’ kaab “negro-tierra” o “Tierra negra”), estos humedales desempeñarón un papel importante como puerto de control comercial y de abasto, que facilitaba la travesía de la ruta comercial que partía de Xicalango, en Campeche, rumbo al Golfo de Honduras. Para los mayas, el buen funcionamiento de sus puertos fue de suma importancia para ejercer control económico, político y militar de la red comercial marítima que conectaba al Golfo de México con el Mar Caribe y Honduras.3

En el año 1517, el conquistador Francisco Hernández de Córdova divisó a Ekab en el horizonte. Hernández de Cordova fue el jefe de la expedición que zarpó en febrero de 1517, con el objetivo de explorar los mares al occidente de Cuba y sus posibles islas o costas continentales a bordo de dos navíos y un bergantín. La flota fue sorprendida por una intensa tormenta que los llevó a tierra, frente a las costas de Cabo Catoche. Visible desde los barcos, Ekab fue la primera ciudad avistada de América. Los barcos españoles fueron abordados por una comitiva de gente amable y bien vestida que les hizo ofrendas de paz, compuestas de artefactos pulidos de forma delicada, pieles, comida, entre otros. Este primer intercambio fue positivo, tanto así, que los españoles decidieron desembarcar para conocer Ekab, ciudad que los españoles llamarón “Punta de Catoche” hoy Cabo Catoche, debido a un error de traducción del maya “in ca wotoch”, que significa ésta es mi casa. Los españoles fueron emboscados en tierra por los indios mayas, lo que suscitó serias bajas en la tripulación. Años más tarde, por decreto de la corona española, misioneros españoles franciscanos fueron enviados a evangelizar a los indios mayas y a erigir, lo que algunos arqueólogos plantean, fue la primera iglesia católica construida en territorio mexicano, asentamiento bautizado como Boca Iglesias.

Boca Iglesias

Vestigios de la iglesia. Vista a lo lejos desde el interior de la laguna costera

Boca Iglesias

Vestigios arqueológicos de la iglesia principal

A finales del siglo XVI, este lugar inhóspito fue abandonado, tanto por los indios mayas, como por los monjes franciscanos.4 El paso del tiempo también hizo lo suyo. Selvas, manglares, pastizales marinos y dunas llenaron el espacio que alguna vez fue habitado por esta extensa población maya de hábitos costeros.

Boca Iglesias

Humedales costeros, sur de Boca Iglesias

Hoy en día, Boca Iglesias permanece inaccesible. La lejanía de los centros urbanos, su imposible acceso vía terrestre y la dureza del paisaje es lo único que se interpone entre la conservación de estos valiosos ecosistemas y la explotación turística de este lugar remoto. Sin embargo, a medida que la población crece y los centros económicos del estado se expanden, Boca Iglesias comienza a aparecer en la escena inmobiliaria. Al introducir en un navegador las palabras “Boca Iglesias” aparecen ofertas de terrenos con permisos para desarrollar áreas residenciales y hoteleras, con servicios y poblados de apoyo, ofrecidos al mejor postor. Al modelo económico vigente poco le importa prolongar la permanencia de su recurso más valioso, la naturaleza. Ahí están las evidencias. Aun en la actualidad, al sur del estado, a los humedales se les sigue considerando como espacios inútiles e insalubres, por lo que seguimos conservando la costumbre de eliminarlos, rellenarlos, canalizarlos para secarlos o convirtiéndolos en vertederos de desechos domésticos e industriales. Localizadas al sur de Boca Iglesias, los sistemas lagunares de Chacmochuch y Nichupté presentan problemas de contaminación y degradación ambiental.5 Estas lagunas alguna vez fueron definidas, al igual que Boca Iglesias, como sitios con gran potencial turístico.

En un esfuerzo por proteger a los humedales de Boca Iglesias, en el año 2016 pasaron a formar parte de la Reserva de la Biosfera Caribe Mexicano, bajo el más alto estatus de protección que la legislación mexicana puede ofrecer. El cuerpo lagunar fue declarado zona núcleo con protección estricta. Esto, sin embargo, no representa una ventaja absoluta, puesto que la declaratoria no garantiza que el desarrollo turístico no ocurra en los márgenes continentales de la laguna. Pareciera que la historia busca repetirse. En la zona de amortiguamiento del cuerpo lagunar están permitidas actividades de “bajo impacto” y la construcción de infraestructura de soporte a dichas actividades. Sabemos lo que estas letras significan; una brecha legal que le permite al modelo económico actual expandirse. Lo cierto es que lo único que se interpone entre desarrollar Boca Iglesias o no, es la hostilidad de sus ecosistemas y su lejanía de la ciudad de Cancún.

¿Tener presente la historia tiene alguna finalidad?, ¿sirve para algo? Ya lo dijo Cervantes: “La historia es émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir”. Estas palabras son claras, una cosa es continuar la historia y otra es repetirla. ¿Estamos, pues, ante un escenario donde imitaremos el modelo convencional de desarrollo adoptado para la Riviera Maya? o, ¿buscaremos hacer las cosas diferentes en Boca Iglesias?

 

María de Jesús Juárez-Ramírez
Posgrado en Ciencias del Agua, Centro de Investigación Científica de Yucatán A. C.
Cancún, Quintana Roo, México


1 Beck, M. W., y otros. “The identification, conservation, and management of estuarine and marine nurseries for fish and invertebrates”, Bioscience, 51, 2001, pp. 633−664.

2 Hernández-Arana y otros. “Evaluación del estado de salud del arrecife de coral en el caribe mexicano”, Informe Técnico. PROCER 2018. CONANP-ECOSUR. Chetumal, 2018, pp. 196.

3 Bernal-Ramos, J. A. “Navegación y comercio en la Costa Oriental de Quintana Roo durante el Posclásico Tardío (1200-1520 D.C.)”, Archivo de la Provincia Agustina de Michoacán, Blog APAMI, 2022.

4 Yates, S. R. “Descubrimiento oficial de Yucatán” en El fin del mundo maya y la ex-república de Yucatán, Palibrio Editores, 2012, pp. 14-15

5 Hernández-Arana y otros, ob. cit. 2018.

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Publicado en: Horizontes artísticos