El reino de la neblina y sus habitantes emplumados

Bosque mesófilo de montaña en la región centro de Veracruz

 

 

Hace mucho tiempo me pregunté a qué huelen los ecosistemas de México y recorrí con la memoria los sitios que la fortuna y las aves me han permitido conocer dentro del país. De este modo concluí que los manglares huelen a sal, las selvas bajas tienen aroma a copal y a flores que brotan con los aguaceros de mayo, y el bosque mesófilo de montaña, mi ecosistema favorito, huele a orquídeas y nubes.

Sobre este último y algunos de sus habitantes emplumados es sobre lo que profundizaré a continuación. Hay que decir que el bosque mesófilo de montaña es un lugar mágico y, como cualquier lugar mágico que se precie, tiene  diversos nombres: bosque de niebla, bosque nuboso, nubliselva o bosque mesófilo de montaña son algunos de los conceptos dentro de los cuales los especialistas han tratado de dimensionar uno de los ecosistemas más diversos del  mundo. Localizado dentro de las regiones tropicales a lo largo del globo, este bosque crece siempre en las serranías, en áreas donde los vientos cargados de agua forman nubes y neblina y crean las condiciones necesarias para que esta sábana verde y exuberante se desarrolle.

 

Las plantas epífitas, típicas del bosque mesófilo, son un pequeño mundo creciendo sobre los árboles

 

 

En estas regiones, los grandes árboles, viejos gigantes cubiertos de orquídeas y otras plantas que crecen entrelazándose en un hermoso caos, extienden sus ramas hacia el cielo como si quisieran alcanzar el agua vuelta neblina ¡y vaya que lo consiguen! El bosque de niebla acumula dentro de sí grandes cantidades de agua que le permiten mantener la humedad necesaria para toda la comunidad de seres que allí viven. Del mismo modo, la existencia de este tipo de vegetación genera un círculo virtuoso donde el agua se condensa sobre el bosque y establece una estrecha relación con esas nubes que todos los amaneceres despiertan abrazadas de las ramas de los olmos y encinos.

 

Pavón Cornudo [Oreophasis derbianus] en la Reserva de la Biósfera El Triunfo, Chiapas

 

 

Dentro de este ecosistema increíble y mágico encuentran su hogar muchas especies de aves que a lo largo de generaciones han aprendido a vivir entre las nubes. En México, uno de los habitantes más icónicos de este reino entre la neblina es sin duda el Pavón Cornudo [Oreophasis derbianus] que, con su cuerno rojo y su andar misterioso y calmo sobre las ramas, vive en regiones de la Sierra Madre de Chiapas donde el bosque de niebla todavía se extiende imperturbable a lo largo de muchos kilómetros. Sin embargo, este unicornio emplumado no vive solo: otras aves igual de sorprendentes, y tal vez menos reconocidas, también habitan la neblina.

 

Mirlo Negro [Turdus infuscatus] uno de los cantores icónicos de los bosques de niebla

 

 

Imagina que amaneces en un bosque mesófilo y con la huida de la noche los árboles toman forma y color ante la vista mientras los coros de jilgueros y mirlos le dan voz a las cañadas donde se guardan los secretos de este ecosistema. De pronto, con las primeras luces del amanecer, un relámpago rojizo cruza tu mirada y se detiene vertical sobre un árbol: eso que observas es un Trepatroncos Moteado [Xiphorhynchus erythropygius] que busca su alimento entre las plantas epífitas, usa su largo pico para atrapar insectos entre la vegetación, sube en espiral por los troncos y, así como llegó, se pierde entre el follaje. Y entre el follaje también aparecen aves más pequeñas, como el Chinchinero Común [Chlorospingus flavopectus], que se mueven en grupos por la copa de los árboles; estos pequeños son una presencia constante a lo largo de todos los bosques de niebla de México y suelen ser sumamente abundantes: es posible encontrar hasta cincuenta brincando sin cesar en las alturas.

 

Trepatroncos Moteado [Xiphorhynchus erythropygius]

 

 

Chinchinero Común [Chlorospingus flavopectus]

 

 

Finalmente, hay que hablar de algunas aves que han tejido sus historias sobre el tapiz del bosque mesófilo en conjunto con las de las comunidades que las han visto durante generaciones y que, a través de la palabra, la leyenda y aun el mero hecho de darles nombre, las han reconocido como parte de su entorno. Cuenta un relato de la tradición oral del centro de Veracruz que en el principio de los tiempos la Tucaneta Verde se negó a ayudar a los otros animales a construir el cauce de los ríos que fluyen por el bosque y, en consecuencia, se le prohibió bajar a beber de ellos hasta el día de hoy. Se explica así el comportamiento estrictamente arborícola de esta ave esmeralda que casi nunca baja de las copas de los árboles y encuentra la manera de beber de las bromelias que desde la altura proveen el vital líquido a los seres vivos que casi nunca tocan el suelo en el bosque de niebla.

 

Tucaneta Esmeralda [Aulacorhynchus prasinus]

 

 

Tillandsia imperialis: una de las especies de bromelias del bosque de niebla

 

 

Algo similar ocurre con las pequeñas joyas del bosque: los colibríes. En la región de Coatepec, en el estado de Veracruz, las personas mayores todavía usan el término Güichi para referirse a estas aves. Este término parece provenir de Huitzilin, antigua manera de nombrar a los colibríes en lengua náhuatl que en algunas regiones de México todavía se usa íntegramente; en la región ha sido una palabra que con el paso de los siglos modificó su forma, pero nunca perdió vigencia porque siempre hubo ojos para mirar las maravillas del bosque de niebla y siempre hubo bocas que las nombraron.

 

Colibrí Multicolor [Lamprolaima rhami] llamado Güichi Canelo en el centro de Veracruz debido al color de sus alas

 

 

Del mismo modo, ahora nombramos algunas de estas maravillas emplumadas y abrimos los ojos a la pequeña ventana de un ecosistema de inimaginable diversidad y fragilidad. Muchas cosas quedan en el tintero para hablar del bosque de niebla, entre ellas, las acciones que se toman para conservar lo que queda de este reino de la neblina que día a día pierde terreno.

Si te gustaría conocer un poco más sobre las aves, visita mi canal de YouTube: Crónicas del Chivizcoyo (Historias de Aves), en donde contamos las historias de los seres emplumados que nos rodean.

 

El bosque de niebla huele a orquídeas y nubes; en la foto, una orquídea [Rhynchostele cordata]

 

 

 

 

Texto y fotografías: Alberto Lobato

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Publicado en: Horizontes artísticos